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sábado, 3 de junio de 2017

SEMBRADORES DE ESPERANZA, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina













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Sembradores de esperanza
A los Embajadores universales de la Paz

Camino por los campos de la tierra,
en cuenco el delantal con mi semilla,
que  luce  bajo el sol su maravilla
de vida y esperanzas¡ No más guerra!

Atenta a lo que ocurre, a pie o en silla,
te espero en cada duda que te aterra
¿No ves que  la violencia nos destierra
de nuestra humanidad con sus  rencillas?

¡Sembremos entre todos, de rodillas,
sobre el planeta entero, mar y sierra,
su fresca conjunción   de campanillas!

¡Mientras la Paz al  odio desentierra,
lo  lleva a curación en angarillas,
y purifica el humus  que lo encierra!

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                                                             


EL TÍO, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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EL TÍO

Mamá insistía en que nos quedaríamos en casa de los tíos. Y yo comenzaba a sentir estertores instantáneos. Mi cuerpo entero gritaba que no. No. No. En casa de los tíos no. Nadie comprendía la negativa constante a ir con ellos, dado que mis primas eran muy queridas y amistosas. Juntas pasábamos tardes enteras saltando a la soga o corriendo en escondidas fantásticas que podían durar varias horas. Carcajadas, alegres canciones y abrazos de total camaradería eran habituales. La risotada de Mimí, franca y estruendosa me producía una felicidad indescriptible. Amaba a mis primas.  Pero la casa…
Imposible hoy en día precisar el número de la calle Winter en la que vivían, pero puedo describir al detalle la cuadra entera y el frente en particular. Era una vivienda en espejo de los años cuarenta o cincuenta, tenía paredes solidas de estuco grisáceo y zócalo alto y negro. Una puerta principal y un par de ventanas con celosías que chirriaban hacia la derecha. Si te abrían la puerta, el frío y oscuro pasillo envolvía una a una las partes de cuerpo y se apoderaba de vos cierto temblor que nunca, pero nunca más te abandonaba. Tendría unos seis metros ese pasillo, interminable y macabro como pocos.
Promediando los tres metros, un crucifijo gigante de bronce colgaba presagiando la necesidad de protección, y cuando te acercabas al estar te esperaba El entierro del conde de Orgaz, del Greco, en la pared con la que chocabas antes de abrirse la habitación donde por lo general, el resto de la familia estaba reunida. Ellos, mis tíos y primos no parecían reconocer ningún signo extraño, y trascurrían el día con naturalidad. Juegos, lecturas y algún reto de la tía Mona, porque corríamos los muebles formaban parte del murmullo cotidiano. Todos eran felices. ¿Es que no veían la oscuridad de la casa? ¿No caían en cuenta los continuos alaridos apagados y opacos que se oían?
La única ventana del living, estaba cubierta por una cortina pesada de terciopelo azul noche y no era habitual que se corriera. Era imposible saber cómo era esa ventana, si me permitiría escapar, hacia donde daba. Mi tarde se diferenciaba de la descripción del resto de la familia. Aletargada y temblando, parecía participar de todo pero en realidad iba hilando conjeturas y sintiendo cada vez más anticipación y ansia.
Mi pequeño primo Javier, llamado así por el arcángel, presumía volar y se lastimaba a diario en sus intentos, y Lili, otra de las chicas, pálida y ojerosa, sostenía un arpa gigante que tocaba sin cesar. Mis hermanos desoían lo que les contaba, y me trataban de miedosa.
A las diecinueve, nos llamaban a todos y debíamos rezar el rosario completo, en voz alta, arrodillados en línea que el tío Orlando, recién llegado de su empleo, trazaba en tiza y controlaba con el atizador de la chimenea. Yo no sabía todo el rosario y temblaba, mirando el piso, pensando que se iba a dar cuenta y a azotarme. Nunca lo había hecho, pero era capaz.
Medía un metro noventa y debía pesar unos cien kilos, su cabellera espesa y blanca no era la de un hombre de treinta y seis años, y sus enormes manos, te aplastaban las tuyas al saludar. Su voz me sonaba gutural y pastosa y las pisadas del tío reverberaban por largo rato en el piso de cedro oscuro y antiguo de la casa.
Después de la comida de la noche, frugal y escasa, la casa caía en una oscuridad total y debíamos repetir una rutina severa de higiene, que siempre tenía muchas risas de los demás y un silencio espectral de mi parte. Venía lo peor. Lo temido.
Cuando las campanas del reloj marcaban las nueve, todos debíamos arrodillarnos, ya higienizados, derredor de la cama, y con las manos juntas comenzar las oraciones que nos iban a proteger en el sueño posterior. Primero el credo, luego el sálvame, seguía el padre nuestro y el ave maría. Si te equivocabas, el atizador de Orlando te señalaba y era probable que te golpeara. Mis primos y hermanos se reían mucho. ¿Es que sabían todas las oraciones?  No creo que vieran a los querubines del conde de Orgaz que venían cada noche a guardarnos. Ni que conocieran a la virgen tanto como para que los perdonara. Yo directamente estaba helada, con nueve años, perdida en un día trágico y lleno de peligros, uno de los tantos que viví en la calle Winter.  Me arrodillé antes de tiempo, el tío me miró, Me espantó su frialdad y su rechazo.
Por ansiosa, me dijo
Espera a las campanadas, me dijo.
No respondí, pero mis entrañas entraron en guardia y cuando sonaron seguía arrodillada. Una rodilla me dolía, apretada contra la junta del parquet, de la que salía una pequeña astilla, que se iba clavando en mí. Podía oler el momento, oler las transpiraciones de todos, oír cada bocanada de aire, cada ruido de la casa, la ventana chirriando, la pesada cortina susurrando, sentía aletear a los del cuadro cuando salieron hacia aquí.  Giraban entre nosotros riendo y murmurando oraciones confusas. El tío dijo:
Comencemos con el credo, creo en dios padre…
No supe cómo seguir, sentí sus pasos, de reojo su sombra se acercó, me rozó levemente, tomé el atizador, y lo hice.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MI SOMBRA, Alfredo Torres, Rufino, Santa Fe, Argentina

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MI  SOMBRA

Esa que va conmigo por la acera
De la calle dormida y desolada
Se abriga con mi poncho y emponchada
Suele cruzar una ciudad cualquiera/

Esa que ya perdió su primavera
Y sin embargo da como si nada
Con su lábil silueta aletargada
Contra el muro invernal de la tapera/

Esa es la hermana fiel del andariego
Que desanda la noche casi ciego
Por una soledad que no lo nombra

Por mi agosto la luna le da vida
Es mi otredad insomne malherida
De amor y alcohol igual que yo mi sombra//

©ALFREDO TORRES, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SOLEDAD, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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SOLEDAD

Estoy enfrente mío
en el paraíso del silencio.
La soledad hace su trabajo
y yo le permito.

Solamente hay un mundo; el mío.

Hay ruido, mucho ruido en el enigma
que envuelve al día.
La soledad y el ocaso son preludio de noche
y en ella vuelvo a estar enfrente mío.

Búscame soledad cuando haya ruido,
búscame en la brisa o al pie de un río,
búscame en la alegría o en la melancolía.
Porque deseo encontrarte para encontrarme
y ser quien deba ser, en mis finitos días. 

No te alejes, quédate donde sueles estar.
¿Sabes?
Hay mucho ruido soledad.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



VEJEZ, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador

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VEJEZ


Los inviernos pasaron con sus nieves, canos,
y mis ojos nebulosas golondrinas adormecidas,
y en mi vejez humillado en la crueldad indiferente
que me impone la gente víctima de dolor, y desprecio
y he esperado, esperando con el corazón marchito
la mirada destrozada con mi despotrica  senectud
sigo esperando con la esperanza de tu alerto recio
y los sueños que se disipan en mi almohada,
siempre quise ver más allá de mis oscuridades
y nunca pensé que los años acumularan tanta pena          
y llegar a la vejez el alma herida  un rayo truena
y las flores de tu boca mi aliento enaltece.
Soy montaña de los inviernos que permanece
un día como ayer la ilusión también  envilece        
para que quiero la vida que al final  entristece
¿Por qué el hombre nació para volver a morir?
no basta vivir, multiplicar, llorar y sufrir
en los mares, en la peñas y en los torbellinos,
cuando, yo quiero redimir la  oscuridad de mis pupilas
y el pecado que la sonrisa dibuja mis ocasos
Nunca pensé llorar en el presentimiento de mi vejez                                                                            ¿quiero morir, quiero gritar, soñar en mi atardecer?
¡Donde está el Hombre? ¿Dónde están sus sueños?                       
¿Dónde está la paz?  ¿Qué fue del sol ferviente?
De que nos sirve la vida consiente que nos despoja
si muere la fe en el lecho moribundo de la mirada hiriente
se va con la soberbia y el orgullo en pos de la tumba fría
y de los atavíos unidos a las revelaciones venideras,
¿Quién escuchara el tormento de mi voz furibunda?
¿Quién se acordará de mis inciertas compulsiones?
¿ y de aquellas cuitas que lloraron con mi alma?
¿Dónde estará la juventud de mi luna azul?
¿Dónde está mi enfadadísima madre que me vio nacer?
¿Dónde está mi queridísimo padre que me engendró?
Todo pasó en un día, nacieron y expiraron,
florecieron y se marchitaron los altos robles de mi porfía
derribadas las piedras se quedaron en el río
la casa  quedo solitaria, y los viejos recuerdos
se olvidaron junto al brillo de las estrellas,
solo quedó el despojo que se llevan los cementerios
y las fúnebres flores que gritan el silencio de mi garganta
es una vejez despótica, y que lentamente va pujando
cual si fuera Longino con la lanza en el costado de odio
caminando hacia el sepulcro de las olvidadas voces
con la suerte que el agua vierte para despertar
en el infinito laberinto de la muerte.
                                                              
© CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



domingo, 28 de mayo de 2017

ALAS MUSTIAS, Mara Sorbello, CABA, Argentina


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ALAS MUSTIAS

Uní cada letra con hilos de oro
y formé tu nombre...
Cada letra la pronuncié en sagrado silencio...
Y vos?
Te perdiste entre las alas de una mariposa.

Y yo sigo aquí mirando el mar...
y ya nada es igual...
Volverás, yo lo sé, como siempre.
Pero...
ya nada será igual...

Se terminó el tiempo del amor.
Se terminó el tiempo de nuestro amor.
Y mañana cantarán los Ángeles
y veré renacer a mi corazón...

Y tú...
como siempre encontrarás mustias,
las alas que te cautivaron...
Mariposa fugaz,
mariposa de un día...
Pero a mí ya no me hallarás.

©MARA SORBELLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



HERMANA POETA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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HERMANA POETA 

          a Yolanda Solís, Naló


La poesía es una sola,
nos visita a cada instante
A unos deja verso amante
A otros río que se inmola.

En la cresta de una ola
Trae un verbo tan profundo
Que al más sabio de este mundo
Guarda en una caracola.

Y ese que genial se crea
Por su estro adamantino
No adivina su destino
Hasta que su alma no vea.

Su música es una escuela
Dónde a bailar nos invita
A aquel que grita lo evita
Y se entrega a quién la anhela.

La veo todas las tardes
La oscuridad iluminar
Y por los campos pasear
Recatada y sin alardes.

Pobre aquel que nunca ha visto
Su proverbial cabellera
Al instante que Ella quiera
Te envuelve cual niño Cristo.

Y del año la primera
Flor que baña con su luz
Es la frente de Jesús
Que transmuta en primavera.

He visto a un escarabajo
Que se hace decir maestro
Y para el mal se hace diestro
Apestando a los de abajo.

Ese su inmundo trabajo
Derméstido y coprófilo
Triste lunúleo anisófilo
Es poetizar de un badajo.

La sublime mariposa
También supo ser gusano
Y diferente a su hermano
Aprendió a besar la rosa.

La poesía primorosa
No le hace caso a ninguno
Vuela en su sino oportuno
Como si cualquier cosa.

Esperándote auspiciosa
En el filo de una rama
En la lágrima del que ama
Con gesto de buena diosa.

Por si quieres ser poeta
Ni se te ocurra buscarla
Ni a maestro le oigas charla
Ni copies de su libreta

Nadie ha podido encontrarla
Por mucho que la han buscado...
Ella estará a tu lado
Si te dignas a escucharla.

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




YO LE DIGO, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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YO LE DIGO

Yo le digo a vida que le tengo todo un poema de gratitud,
sin ese poema, estos versos no escribiría.
Yo le digo a mi dolor, que también le tengo todo un poema de gratitud y
que le diga a la vida, que le tengo varios libros de amor.

Yo le digo al cansancio de mi vocación, que mi siga cansando.
Yo no le digo al tiempo ni a Dios, que me diga el momento.
Pero, le digo que aquel día me encuentre niño de nuevo.
Y creo que la vida es un instante, y lo eterno, es el poema de Dante.

Yo le digo a la soledad, gracias por tu amistad
y a la amistad, le digo que la acompaño en su soledad.
Yo le he dicho al olvido; que recuerdo los libros metafóricos y retóricos de Borges,
del solidario Dickens, del reflexivo Chesterton, del valiente aventuro de Cervantes,
de los eruditos Sócrates, Platón, Aristóteles,…encumbrados en el Santo de Aquino,
de los primeros Salmos, de las parábolas del Nazareno, de todo lo que he vivido.

Yo le digo al tiempo que respire para que me espere un momento,
y así mis días tengan lectura, relato y verso.
Y le he dicho a la tristeza que a la vida le sonría,
y a la alegría, le dije que existe porque hay tristeza. 

Son muchas las frases que tengo por decir.
Las he dicho con gratitud solamente algunas;
pues las otras las iré diciendo, mientras mi tiempo y yo sigamos viviendo.
Yo le digo a la vida, que le tendré mañana otro poema de gratitud.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

HOMENAJE A LA MADRE, Luz Samanez Paz, Presidente de Asolapo Internacional

HOMENAJE A LA MADRE
POR LUZ SAMANEZ PAZ, PRESIDENTA DE ASOLAPO INTERNACIONAL
domingo, 14 de mayo de 2017




  

Con el corazón pletórico de emoción i el alma llena de júbilo, escribo estas líneas en esta fecha tan significativa, en el que rendimos el más sentido i fervoroso homenaje a todas las MADRES. I tenía que ser en este mes de mayo, en su segundo domingo, en este mes de MARÍA, la MADRE de las MADRES del orbe i de todos los tiempos.

Gran acierto ha tenido el "Centro Universitario ARIEL", al proponer que exista en el Calendario Cívico Peruano, un día dedicado a la MADRE i este día, quedó establecido por Resolución Suprema del 2 de abril de 1924 i en asamblea multitudinaria de aquella fecha, se fijó el "segundo domingo de mayo", como Día de la MADRE. La Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, fue la primera institución en festejar fecha tan sublime i desde aquel entonces los homenajes a esta "mujer tributo" se multiplicaron por doquier en todo el ámbito de nuestra Patria. Desde tiempos muy remotos poetas i escritores, filósofos i artistas, han cantado loores i panegíricos a esta mujer, heroína del amor más sublime del universo. Monseñor Ángel Jara nos dijo: "Hay una mujer que tiene algo de DIOS por la inmensidad de su amor y mucho de ángel, por la incansable solicitud de sus cuidados". Razón tuvo Bersot cuando afirma: "Muchas maravillas hay en el universo, pero la obra maestra de la creación, es el corazón materno". I tanto puede la MADRE, que a Lincoln le hace exclamar: "Todo lo que soy o espero ser se lo debo a la angelical solicitud de mi madre". I los más grandes hombres del mundo, fueron obra viviente de su MADRE. Ahí, tenemos a Cornelia, madre de los Graco; a Elena, madre de Constantino; a Magia Ciorla, madre del gran Rafael; a Mary Ball, madre de Washington; a Leticia Ramolino, madre de Napoleón; a Sofía Francisca Trebuchet, madre de Víctor Hugo i así podemos citar muchos nombres más... No estuvo equivocado Tolstoi, cuando invoca diciendo: "Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo".
   
En este DÍA, surge indudablemente la figura de la MADRE i del NIÑO, que son los seres más débiles potencialmente, pero que con el correr de los años, están logrando que sus legítimos derechos sean representados, porque la MADRE como mujer de lucha, está realizando desde hace varios años una vigorosa i eficaz campaña, para que sus derechos sean reconocidos.

No podemos dejar de hablar de la MADRE CAMPESINA, tema evocador i hermoso, expreso así, porque es innegable que por encima de la protesta ante la injusticia, ante el desamparo de los más, ante la orfandad del pueblo, la MADRE ha sido siempre la principal protagonista, es por eso que las MADRES ANDINAS, han sido MADRES que han entregado su corazón sin retaceos i esa expresión sigue advirtiéndose  en nuestras nuevas generaciones, de ahí que en sus poesías surge el amor, como una URPI lanzada hacia las estrellas o chask´as, llevando un mensaje permanente de sublime entrega i estética afirmación. Surge también como saeta dolorida la protesta de la MADRE INDIA, por la injusticia i por el dolor del oprimido, que han determinado que en nuestra Historia, los gritos de reivindicación, como los de TUPAQ AMARU II, que quizá no se hubiera producido, sino con el valor e inspiración de una MICAELA BASTIDAS o de una TOMASA TITO CONDEMAYTA, cuyos rostros broncíneos, han pasado a la Historia.

En estos momentos críticos, que vivimos en medio de una quiebra de valores, donde la violencia i la barbarie campean, donde la ola delincuencial sin límites hace presas fáciles a inocentes víctimas, en esta hora en que vemos las acciones más salvajes, sea el CORAZÓN MATERNO, que salve con su amor, con su dulzura i con su bondad, para que todos los hijos, los nietos, sigamos el resto camino de la virtud i del altruismo.
Recordemos que las MADRES siempre han sido fuerza de inspiración i de lucha en todas las culturas, por todo ello, les deseo a todas las MADRES del PERÚ i del MUNDO, un FELIZ DÍA.















MADRE

LUZ SAMANEZ PAZ

MADRE, tú me forjaste soñadora i sensible:
con luz de luna i alma de ruiseñor,
me tejiste en tu entraña un corazón inmenso,
que me ahoga i estalla, en torrentes de amor.

MADRE, fuiste tú el vaso que la vida me dio,
porque es tu sangre amada, la que late en mi pulso,
porque cuanto poseo, tu amor me lo brindó.

Desde que vine al mundo con el signo del verso,
tu mirada amorosa, cual un faro bendito,
en mi noche de pena, me salvó de caer.

MADRE, hoy mi senda es florida porque tú la alfombraste,
con el suave milagro, de tus rosas de amor...

I por eso, MADRE, yo te canto
en esta fecha sagrada, llena de júbilo i llanto.
La Asociación de Literatura Andina Infantil i Juvenil (ALAIJ), quiere también rendir un homenaje a la MAMÁ, en su DÍA:


MAMITA

LUZ SAMANEZ PAZ

Linda mamita,
ramito de azahares,
blanca palomita
de mis palomares.

Capullo de rosa,
botón de azucena,
estrella preciosa
de mi noche buena.

Tu carita pura,
blanca i sonrosada,
irradia ternura,
madre idolatrada.

Eres mariposa
en los rosedales,
i encendida rosa
en mis madrigales.

Rayito de luna
en la noche serena,
tu canción de cuna
arrulla mi pena.

Guárdame en tus brazos,
estréchame fuerte
i guía mis pasos,
lejos de la muerte. 


LA MADRE, SEGÚN LA VISIÓN DE LOS INTELECTUALES I FILÓSOFOS

BALZAC nos dice: "Jamás en la vida encontraréis ternura mejor, más profunda, más desinteresada, ni verdadera que la de vuestra MADRE".

BERSOT: "Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación, es el corazón materno".

BOLEDA: "El hombre es estimable cuando es hombre. La mujer es estimada cuando es MADRE".

SEVERO CATALINA: "La MADRE es nuestra providencia sobre la tierra, en la niñez y en la juventud, y en nuestros años posteriores y postreros, es nuestra amiga más tierna y leal".

CHAMISSO: "Solo una MADRE sabe lo que quiere decir amar y ser feliz amando".

DUMAS (padre): "Una MADRE perdona siempre. Ha venido al mundo para perdonar".

LACORDAIRE: "Contemplando el mundo se puede dudar de la mujer; pero ya no es posible dudar más, mirando a la propia MADRE".

LINCOLN: "Todo lo que soy y espero ser, se lo debo a la angelical solicitud de mi MADRE".

RICHTER: " Para el hombre que tuvo una buena MADRE, son sagradas todas las mujeres".

TOLSTÓI: "¡MADRES! en vuestras manos tenéis la salvación del mundo".

CONSTANCIO C. VIGIL: "Delante de una mujer, nunca olvides a tu MADRE".

LUZ SAMANEZ PAZ: "Recordemos que las MADRES, siempre han sido fuerza de inspiración i de lucha en todas las culturas".


MI DICHA, Joseph Berolo, Bogotá, Colombia

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MI DICHA

Poema que mi madre hubiese escrito

Extractos de PRESENCIA AUSENTE   Poemario.23 de Marzo 2004

Siempre en vela por los hijos
de mi vida, la senda sola fue. 
¡Oh Dios! que nunca sepan
ni jamás llorar me vean
por lo mucho que sufrí,
por lo pobre de mi mesa,
por el parco sustento de su infancia,
por el amargo sabor de la distancia,
por todo lo negado.

Mas de todo aquello, mucho se logró.
Suerte a suerte todo lo alcancé,
y de aquella hora y de aquella lucha
vi nacer en nueva hora, nueva vida.

Llena estoy de tantas gracias;
muchas flores bellas en mi jardín
afloran, en mi seno acuno sus retoños,
a todos vi crecer, seres buenos,
amorosos, aurora siempre han sido,
tibio sol de amanecer, por el mundo
en alto llevan digno y limpio haber.
¡Mi dicha, su paz y su ventura!

©JOSEPH BEROLO. poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA