EL OLIVO HISTÓRICO DE ARAUCO
Padre
de la olivicultura nacional
Con 400 años, da frutos excepcionales y su
tronco tiene un diámetro de 10 metros.
El departamento Arauco, en La Rioja, cuenta
con un prestigioso símbolo de identidad: el Olivo Histórico Cuatricentenario.
Este magnífico ejemplar, junto a toda la olivicultura de la zona da testimonio
de que los olivos históricos continúan produciendo de manera prodigiosa,
especialmente el mencionado, de más de cuatro siglos, que da frutos
excepcionales por su tamaño, sabor, calidad, aroma y pequeñez de carozo. Este
portento arauqueño desarrolló una proyección de copa de 10 metros, una altura
de 12 metros, un diámetro de tronco de 10 metros y una producción de casi 200
kg por año. El cultivo del olivo data de siete mil años de antigüedad, proviene
de Asia menor, lo que hoy es Irán y Siria.
Es indiscutible la longevidad de esta
especie. El olivo más añoso se encuentra en Al-Walaja, Palestina y tiene más de
cinco mil años. Otro ejemplar aún vivo está en Vouves en Creta con cuatro mil
años y continúa dando frutos.
El olivo de Arauco, Olea europea, tuvo
su origen en la época de la conquista llevada a cabo por los españoles. Hay
distintas versiones respecto a la introducción de los olivos en nuestro
territorio. Una de ellas, la de Don Cornelio Sánchez Oviedo, sostiene que fue
enviado desde Chile junto con otros frutales de Castilla por Francisco Aguirre a
Santiago del Estero y desde allí llegó a las tierras de Arauco. Por otra parte,
la historiografía (versión que se considera oficial) cuenta que fueron
introducidos en el año 1552 en la ciudad de Tacna, Perú, por los religiosos que
venían con los españoles por el Pacífico.
Más tarde fueron trasladados desde Tacna
hacia el norte de las actuales repúblicas de Chile y Argentina por Diego de
Almagro y Pedro de Valdivia. Los franciscanos que acompañaban la expedición,
Juan de Cedrón y Diego de Rojas, emprendieron la tarea de plantar los primeros
esquejes de olivo y de vid que habían llegado a Tucumán desde Chile. Utilizaron
un sistema antiguo llamado “palo echado” e implantaron en diversos sectores de
la región las estacas vegetales que venían en tinajones de greda.
Fueron los padres jesuitas Juan Darío y Diego
Boroa, quienes llegaron desde San Miguel de Tucumán hasta la región Cacana, La
Rioja, con el fin de evangelizar, los que introdujeron este bíblico árbol.
Quedan como testimonio viviente de esa década
(1552-1562) algunos primitivos olivos plantados por los franciscanos. Entre
ellos se destaca, como mito insigne, el prodigioso Olivo de Arauco. El que
custodia en su código genético la leyenda de su grandeza y sorprendente
longevidad, dando así origen a una variedad o ecotipo totalmente argentina: la
Arauco, considerada por el Consejo Olivícola Internacional (COI) como la única
variedad típica argentina.
El árbol tuvo que vivir para contarnos la
historia –aunque no hay documentación que lo pruebe– como testigo de una tala
feroz de “todos los olivos del Nuevo Mundo” llevada a cabo por el Virrey Vertiz
bajo estricta orden del Rey Carlos III de España en el siglo XVIII luego de la
expulsión de los Jesuitas, ante el sorprendente desarrollo que alcanzó el olivo
en la región, y “por ser este cultivo contrario a la Ley de Indias”. La envidia
fue el motor que impulsó el “olivicidio”. La extraordinaria calidad de la
aceituna americana llegó a oídos del monarca español quien no pudo tolerar la
supremacía de esta sobre la española. Entonces dio la orden de su exterminio en
las tierras de ultramar que estaban bajo su dominio.
De esta planta sobreviviente volvió a
esparcirse la olivicultura no sólo en la Argentina sino que también se llevaron
hijos a Chile y Perú. Por eso fue denominado Padre de la Olivicultura y por
Decreto Nacional N° 2232/46 se lo declara Monumento Histórico Nacional y más
tarde Predio Nacional el lugar que habita.
La combinación de suelo, agua y clima
permitió a esta variedad expresar todo su potencial genético llegando a
producir más de 400 kilos en oportunidad de rendírsele un merecido
reconocimiento en el Seminario Olivícola, Arauco ´96, cuando los más destacados
especialistas olivícolas del mundo provenientes de España, Italia, Israel, USA,
descubrieron una placa al pie del majestuoso Olivo Cuatricentenario.
La Rioja es la primera provincia productora
de aceituna de mesa –cuenta con una extraordinaria relación pulpa-hueso, de
6-1, es decir, seis partes de “carne” por una de carozo– y la primera
exportadora de aceite de oliva de la Argentina. Por su inigualable calidad se
lo denomina “el Malbec de los aceites”, presenta cualidades organolépticas
únicas como por ejemplo un picante muy pronunciado que lo distingue de los
óleos europeos más famosos.
La nueva aceituna americana se exponía como
la más grande y pulposa del mundo.
Este mítico árbol se encuentra en las tierras
de la familia Ávila, descendientes a su vez de Don Baltazar de Ávila de
Barrionuevo, perteneciente a la comitiva de Ramírez de Velazco, fundador de La
Rioja. Se cree que fue doña Expectación Fuente de Ávila quien salvó a este
olivo de la tala masiva que puso fin a casi todos los ejemplares.
El 24 de Mayo de 1953 se declaró “Día
Nacional de la Olivicultura” coincidente con el mismo día del año 1591 que se
produjo el primer asentamiento español en Aimogasta.
La indiferencia de los gobiernos, la
ignorancia, el abandono está generando un preocupante deterioro de los olivos
de la zona, sumado al “síndrome de rama seca”; esta enfermedad se cree que es producido
por una bacteria cuyo nombre lo dice todo: Xylella fastidiosa que
obstruye el xilema –semejante a las arterias humanas–. Una comisión de
científicos de distintos organismos nacionales trabajan incesantemente para
preservarlo.
Aun así, el Olivo Histórico permanece
incólume resistiendo los avatares del tiempo mientras se yergue con todo su
linaje como el árbol que aúna la elegancia con la robustez.
GLADYS
ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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