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sábado, 18 de julio de 2026

EL OLIVO HISTÓRICO DE ARAUCO - Gladys Abilar - La Rioja, Argentina

 


EL OLIVO HISTÓRICO DE ARAUCO

Padre de la olivicultura nacional

Con 400 años, da frutos excepcionales y su tronco tiene un diámetro de 10 metros.

El departamento Arauco, en La Rioja, cuenta con un prestigioso símbolo de identidad: el Olivo Histórico Cuatricentenario. Este magnífico ejemplar, junto a toda la olivicultura de la zona da testimonio de que los olivos históricos continúan produciendo de manera prodigiosa, especialmente el mencionado, de más de cuatro siglos, que da frutos excepcionales por su tamaño, sabor, calidad, aroma y pequeñez de carozo. Este portento arauqueño desarrolló una proyección de copa de 10 metros, una altura de 12 metros, un diámetro de tronco de 10 metros y una producción de casi 200 kg por año. El cultivo del olivo data de siete mil años de antigüedad, proviene de Asia menor, lo que hoy es Irán y Siria.

Es indiscutible la longevidad de esta especie. El olivo más añoso se encuentra en Al-Walaja, Palestina y tiene más de cinco mil años. Otro ejemplar aún vivo está en Vouves en Creta con cuatro mil años y continúa dando frutos.

El olivo de Arauco, Olea europea, tuvo su origen en la época de la conquista llevada a cabo por los españoles. Hay distintas versiones respecto a la introducción de los olivos en nuestro territorio. Una de ellas, la de Don Cornelio Sánchez Oviedo, sostiene que fue enviado desde Chile junto con otros frutales de Castilla por Francisco Aguirre a Santiago del Estero y desde allí llegó a las tierras de Arauco. Por otra parte, la historiografía (versión que se considera oficial) cuenta que fueron introducidos en el año 1552 en la ciudad de Tacna, Perú, por los religiosos que venían con los españoles por el Pacífico.

Más tarde fueron trasladados desde Tacna hacia el norte de las actuales repúblicas de Chile y Argentina por Diego de Almagro y Pedro de Valdivia. Los franciscanos que acompañaban la expedición, Juan de Cedrón y Diego de Rojas, emprendieron la tarea de plantar los primeros esquejes de olivo y de vid que habían llegado a Tucumán desde Chile. Utilizaron un sistema antiguo llamado “palo echado” e implantaron en diversos sectores de la región las estacas vegetales que venían en tinajones de greda.

Fueron los padres jesuitas Juan Darío y Diego Boroa, quienes llegaron desde San Miguel de Tucumán hasta la región Cacana, La Rioja, con el fin de evangelizar, los que introdujeron este bíblico árbol.

Quedan como testimonio viviente de esa década (1552-1562) algunos primitivos olivos plantados por los franciscanos. Entre ellos se destaca, como mito insigne, el prodigioso Olivo de Arauco. El que custodia en su código genético la leyenda de su grandeza y sorprendente longevidad, dando así origen a una variedad o ecotipo totalmente argentina: la Arauco, considerada por el Consejo Olivícola Internacional (COI) como la única variedad típica argentina.

El árbol tuvo que vivir para contarnos la historia –aunque no hay documentación que lo pruebe– como testigo de una tala feroz de “todos los olivos del Nuevo Mundo” llevada a cabo por el Virrey Vertiz bajo estricta orden del Rey Carlos III de España en el siglo XVIII luego de la expulsión de los Jesuitas, ante el sorprendente desarrollo que alcanzó el olivo en la región, y “por ser este cultivo contrario a la Ley de Indias”. La envidia fue el motor que impulsó el “olivicidio”. La extraordinaria calidad de la aceituna americana llegó a oídos del monarca español quien no pudo tolerar la supremacía de esta sobre la española. Entonces dio la orden de su exterminio en las tierras de ultramar que estaban bajo su dominio.

De esta planta sobreviviente volvió a esparcirse la olivicultura no sólo en la Argentina sino que también se llevaron hijos a Chile y Perú. Por eso fue denominado Padre de la Olivicultura y por Decreto Nacional N° 2232/46 se lo declara Monumento Histórico Nacional y más tarde Predio Nacional el lugar que habita.

La combinación de suelo, agua y clima permitió a esta variedad expresar todo su potencial genético llegando a producir más de 400 kilos en oportunidad de rendírsele un merecido reconocimiento en el Seminario Olivícola, Arauco ´96, cuando los más destacados especialistas olivícolas del mundo provenientes de España, Italia, Israel, USA, descubrieron una placa al pie del majestuoso Olivo Cuatricentenario.

La Rioja es la primera provincia productora de aceituna de mesa –cuenta con una extraordinaria relación pulpa-hueso, de 6-1, es decir, seis partes de “carne” por una de carozo– y la primera exportadora de aceite de oliva de la Argentina. Por su inigualable calidad se lo denomina “el Malbec de los aceites”, presenta cualidades organolépticas únicas como por ejemplo un picante muy pronunciado que lo distingue de los óleos europeos más famosos.

La nueva aceituna americana se exponía como la más grande y pulposa del mundo.

Este mítico árbol se encuentra en las tierras de la familia Ávila, descendientes a su vez de Don Baltazar de Ávila de Barrionuevo, perteneciente a la comitiva de Ramírez de Velazco, fundador de La Rioja. Se cree que fue doña Expectación Fuente de Ávila quien salvó a este olivo de la tala masiva que puso fin a casi todos los ejemplares.

El 24 de Mayo de 1953 se declaró “Día Nacional de la Olivicultura” coincidente con el mismo día del año 1591 que se produjo el primer asentamiento español en Aimogasta.

La indiferencia de los gobiernos, la ignorancia, el abandono está generando un preocupante deterioro de los olivos de la zona, sumado al “síndrome de rama seca”; esta enfermedad se cree que es producido por una bacteria cuyo nombre lo dice todo: Xylella fastidiosa que obstruye el xilema –semejante a las arterias humanas–. Una comisión de científicos de distintos organismos nacionales trabajan incesantemente para preservarlo.

Aun así, el Olivo Histórico permanece incólume resistiendo los avatares del tiempo mientras se yergue con todo su linaje como el árbol que aúna la elegancia con la robustez.

GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


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