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sábado, 10 de junio de 2023

“LA ELECCIÓN”, Guillermo Aguirre y Fierro – México – 1887 – 1949.

 





  






LA ELECCIÓN



El león falleció. ¡Triste desgracia!
Y van... con la más pura democracia,
A nombrar nuevo rey los animales.
Las propagandas hubo electorales;
Prometieron la mar los oradores,
y… aquí tenéis algunos electores:


Aunque parézcales a ustedes bobo
Las ovejas votaron por el lobo.
Y como son de buenos corazones
Por el gato votaron los ratones;
Y a pesar de su fama de ladinas
Por la zorra votaron las gallinas.

La paloma, que sabemos inocente,
Inocente votó por la serpiente;
Las moscas, nada hurañas,
querían que reinaran las arañas.
El sapo ansía, y la rana sueña
Con el feliz reinar de la cigüeña;


Con un gusano topo
Que a votar se encamina por el topo,
El topo no se queja,
más da su voto por la comadreja;
Los peces, que sucumben por su boca,
Eligieron gustosos a la foca;


El caballo y el perro, no os asombre,
Votaron ambos por el hombre,
Y con dolor profundo
Por no poder encaminarse al trote,
Arrastrábase un asno moribundo
A dar su voto por el zopilote.

 Caro lector que inconsecuencias notas,
Dime: ¿no haces lo mismo cuando votas?

 

GUILLERMO AGUIRRE Y FIERRO, México

Guillermo Aguirre y Fierro, destacado poeta y periodista, nació en 1887 en San Luis Potosí, México. Entre su numerosa obra, la que le ha dado renombre y celebridad ha sido "Sonrisas y Lágrimas", libro en el que figura su conocido poema "El Brindis del Bohemio". Aguirre y Fierro, considerado uno de los autores fundamentales de la literatura mexicana del siglo XIX, falleció en Ciudad de México en 1949.

            El 26 de mayo de 1926, en “El cronista del Valle”, de Brownsville, Texas, fueron publicados estos versos a los que tituló: “LA ELECCIÓN”.

Aquí va recitado:

Click: https://www.youtube.com/watch?v=E--miLVQN5I


REMORDIMIENTO - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 




LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LEVANDO TIEMPO PARA VOTAR - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 


LEVANDO TIEMPO PARA VOTAR

 

Cuando la sociedad presentía que estábamos ante las puertas de cambios políticos, todos vibrábamos de emoción, las cosas iban a tomar diferente rumbo, todos se aprestaban a recibir tiempos nuevos. Nos reuníamos para prodigarnos en largas, frenéticas e interminables charlas dialécticas. No resultaba extraño ver gente de diversas ideologías unir esfuerzos y entusiasmo. En los demás te sentías identificado y en la sonrisa cómplice la mejor de las esperanzas. Y parece que todo sigue igual, por lo menos en estos lares.

            Vino la democracia y cada cual buscó en su identidad la vía a seguir y el redil donde entrar. Se perdió la espontaneidad, las críticas se hicieron interesadas y el entusiasmo se cambió por el interés. Cada uno se puso a servir a su partido con todo afán, pensando cada cual que, desde su postura el cambio sería más rápido y mejor. Todo se diluyó. Las mejores inteligencias, la honestidad más íntegra y las ilusiones más fervientes fueron sacrificadas al tótem sagrado de la política.

            Hoy salimos a la calle y vamos con todos los demás, con un montón de identidades tan dispares que quedamos difuminados. Indudablemente que el modo de participar y hacer manifestaciones ha cambiado. ¿Hasta dónde podemos coordinar y dinamizar proyectos afines? ¿Pueden identidades políticas diferentes tener un fin común? ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Estamos atentos a los depredadores que se aprestan a capitalizar el esfuerzo de los demás?

            En las manifestaciones nuevas lo reivindicativo se une a lo lúdico y añadimos lo folclórico. Esta es la dinámica que la gente joven ha puesto de moda. ¿Saben por qué se hace una manifestación? Algunos espectadores creen que no… La respuesta es inquietante, quizás sólo se aprecie el lado lúdico. Quizás no se les tome en serio, quizás sí sepan la idea profunda que los mueve y no les importe quién capitalice esa hermosa espontaneidad que, como agua fresca del manantial de la existencia, nos ofrezca unas briznas de esperanza. Quizás cada generación necesite su “Mayo 68” y abrigar el encanto de que todo puede ser mejor. A los “quemados” de tantas lides, nos gusta seguir soñando, siempre deseando no despertar y abrigando la esperanza, quizás remota de que un hermoso sueño no se torne en pesadilla. Apostemos a que no.

 

SALOMÉ MOLTÓ, Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA ENTELEQUIA - Gladys Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 


LA ENTELEQUIA 

Florencia vivía en una humilde casa cerca del río junto a su madre y un padrastro de turbias intenciones.

Era apenas una adolescente cuando empezó a conocer los estragos del abuso carnal. Cada vez que su madre bajaba a lavar la ropa en las heladas aguas, se desencadenaba la profanación. En el transcurso del escarnio su mente aún infantil, y en incipiente proceso a madurar bajo el yugo de la violencia, se refugiaba en la alucinación de una sombra gigantesca que se expandía en las paredes del cuarto; tal vez como un recurso para escapar de la realidad, evadirse del momento, creer que no era ella quien yacía en esa cama bajo la mole insurrecta, y distraerse en la silueta ilusoria que desplegaba sus oscuras alas.

Lejos de temerle empezó a sentirse protegida por esa criatura irreal hasta culminado el ultraje. Como si esa entelequia la succionara de la escena poniéndola a salvo. Aunque luego su núbil cuerpo yaciera exangüe en silenciosa desnudez.

Esa extraña especie de ave mitológica, misteriosa y temeraria, la acompañaría hasta el día en que, entre atónita y fascinada, la niña le vio crecer un par de afiladas garras que trabajosamente se desprendieron del muro arrastrando la oscura silueta de un ave feroz. De inmediato, se abalanzó sobre el desprevenido abusador clavándole sus garfios en la espalda, para luego arrojarlo violentamente contra la pared. La entelequia giró hacia la indefensa párvula y la envolvió en su mórbido plumaje hasta atenuar los latidos de su corazón.

(Con el aguzado pico hizo estallar los vidrios del ventanal y emprendió el vuelo llevándola a la niña consigo a la eternidad.)


GLADYS ABILAR, Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


SIN BEMOLES -Xiul Lasopat - Buenos Aires, Argentina

 



  XIUL LASOPAT, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MELANCOLÍA - Ady Yagur - Israel

 









MELANCOLÍA



Paisaje sombrío de otoño
mirada que abraza al prado,
las hojas amarillas se miran
ciegas de sueños verdes..

Vivo idioma de puro silencio
junto al perlado amanecer,
mientras el viento arrecia
desnudando a las ramas.

El otoño parece algo triste
mientras los árboles de pie,
van perdiendo su verdor
con su idioma de silencio.

Las aves yacen en sus nidos
esperando a nuevos trinos,
ausentes ahora de dulzura
mientras mi alma deshoja .

Encanto color oro del prado
la hermosura triste se despide,
humedeciendo a los recuerdos
con su excelsa belleza divina.


ADY YAGUR, Israel
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ESE LATIDO QUE FUE IGNORADO… - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina










ESE LATIDO QUE FUE IGNORADO…


Algunas sombras dispersas ya, en esta tarde
sabatina, de último día de este invierno
que ha sido capaz de sacudir las entrañas
del alma, en quienes llevan en la sangre
el fluido vital del irrefrenable encendido Amor,
capaz de conducir a la aventura deseada
de descubrir otros horizontes; para atravesarlos
dispuesto – siempre - a llegar más lejos de lo posible,
puesto que no hay límites para esa creación
sostenida en la fuerza de la condición humana.
Conformada la mente en vasto territorio
de inquietudes dispersas, nunca realizadas.
En los confines de la imaginación, no hay destino
ni sendero que no pueda ser modificado.
Bien es sabido que ese latido que fue ignorado
se ha hecho sentir en el Universo entero.


ANTONIO LAS HERAS
, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


TIEMPOS DE LA AMISTAD - Favio Andrés Ceballos - Baigorria, Santa Fe, Argentina

 









TIEMPOS DE LA AMISTAD 



El corazón de tu voz latió en el aire.
Te encontré en la sombra
iluminada por tus ojos verdaderos.
Mentía la tarde su disfraz de noche
sobre el camino solitario
y el germen de lo cierto fue palabra.
Con los pies en la senda al horizonte
caminamos juntos, nos elegimos.
El café nos esperaba para darnos
un despertar, solar la memoria
de un tiempo imposible pero que vivimos.
Quién sabe cuánta vida o cuánto olvido
nos retuvo el encuentro.
Y ahora que te tengo ante estos ojos
renovados de muertes sucesivas,
resurrectos descorren pronto el velo
de la arena del reloj y de las eras,
te descubro diciendo mis palabras
en la garganta de todos los silencios.
La lealtad, ese gesto, se renueva
en la confianza de esta lluvia.
Entonces la alegría y la confianza
florecen por el riego de los cielos.
Emprendemos nuevamente la batalla
confiados de cubrirnos las espaldas
y en triunfo nuestra luz celebra y canta
el don de esta amistad fuera del tiempo.



FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

VARIACIONES DE LA HEMBRA, - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 


















Ilustración: Juan Manuel Sánchez

 

VARIACIONES DE LA HEMBRA

 

 

La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.
(La abandonada que brinda el gozo y el aliento.)
Su cabellera mueve los velos de la noche.
La que musita cimbrante y desvaría.
El hada del follaje celeste.
La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La princesa, la dueña, la reina del hogar.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.
La amante vuela en mi, desatada y ansiosa.
La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.
La mujer suave y comprensiva como una hermana.
La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.
La adolescente salvaje que imagina a Piranesi.
La insurrecta de plazas y guerrillas.
La que beben mis ojos en los bares.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

 CARLOS PENELAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

penelascarlos@yahoo.com.ar

"VERSOS TRISTES " - Ángel Medina - Granada, España

 







"Versos tristes "                                   

 

“Maldita suerte la del poeta

Siempre invocando la muerte

Triste pues es su negra suerte

Cuando todo le inquieta.

Será su sensibilidad,

Quizá su corazón destrozado

Donde la tristeza se ha alojado

Y es toda su realidad.

¿Qué salida es la que toca

Cuando se deshace el encanto

La risa se trueca en llanto

¿Y lo sensible se ahueca?

El recuerdo es nostalgia,

La nostalgia sufrir,

Sufrir es pura elegía

Queda sólo el morir.

Cuando esa tristeza nos alcanza

Preludio que es de la muerte

Asemejándonos al poeta

Sintiendo su penetrante lanza

Sabiendo que no hay ya meta

Sólo resta anhelar su suerte”

 

Recordando estos sus versos evoco a aquella niña con coletas y gafitas. No era niña, sino mujer. Pizpireta, luminosa y sensible. En parte soy yo quien la visto, pues me tengo por una especie de modisto que la conoce al desnudo más raso, incluso más que ella a sí misma. Por eso, sé que convive en la niña el sentimiento más puro que eleva a los mortales a la calidad de dioses: el amor. Bien que lo sé, pues represento lo más impenetrable de su intimidad. Y aunque presumo de ser intangible, inubicable y muchos me niegan, todo pasa por mi propio tamiz. Soy su yo más escondido. Su alma imperecedera.

Un día me confió su gozo por la vida, hablándome de la naturaleza. Admiraba la decisión de las disciplinadas hormiguitas. Se deleitaba con el aleteo de la dulce mariposa de colores, vistiendo su traje de gala. Se desperezaba con la llegada de la primavera, alterándose la sangre de sus venas. Y al llegar el invierno, acogía con alegría las nieves que lloraba el consternado y grisáceo cielo.

También amaba el arte. La poesía era su lubricante y a través de ella se expresaba su espíritu más allá de los convencionalismos. Se conmovía escuchando los versos de Rondeles “si quieres nos amaremos, sin decirlo con tus labios”, y también la sonatina “la princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?”, de Darío; o bien se inquietaba recreando a Lorca: “Amor de mis entrañas…”. Se sentía vital desentrañando a Aleixandre “Cuerpo feliz que fluye entre mis manos, rostro amado contemplando al mundo”. O también, aquello de “cristalina luz que hiere el fuego…como un cuerpo que se amontona de dicha”. Se turbaba con las composiciones nerudescas, aquellos versos alegres que decían del deseo del amante, anhelando poder convertirse en hijo para dejarse amamantar en sus pechos núbiles. De todos, Machado era su sublimación. “Sólo tu figura, como una centella blanca en mi noche oscura”.  

La niña era pura sensibilidad al servicio del amor. Amaba la naturaleza. Al día y a la noche. Lo impenetrable del misterio del principio y el fin. También a su príncipe azul. Esa realeza que se instala en nuestra… ¿cabeza? ¿En el corazón? ¿O quizá en la imaginación, que a fuerza de darle vueltas tal un caleidoscopio se acaba idealizando, convirtiéndose en algo tan frágil como una copa de cristal de bohemia?

Un día comenzó a calar frío en su corazoncito.  La niña era pura pasión. Fuego que incendiaba, pero sólo recibía brasas. Entonces, su sensibilidad empezó a inclinarse hacia el lado oscuro. Aquellos insectos laboriosos mostraban ahora para ella sus poderosas mandíbulas, devastando todo a su paso. Los lepidópteros voladores se le antojaban la metamorfosis de viles gusanos que otrora reptaron por el suelo. El estío desecaba su ánimo y el invierno helaba su sangre, sumiéndola sus largas noches en la melancolía. Lo que la poesía era antes rosa, se convirtió en espina. Versos tristes. Sólo afloraba a su cabecita las estrofas del quebranto.” Un beso ardiendo se rasga”…” está presa en sus oros, está presa en su tul”… “hermosura delicada, junto al filo de la nada” “templaré mi corazón de suerte, que la mitad se incline a aborrecerte”. Todo lo que antes era frescura ahora era acervo. Hiel. Neruda supo anticipar su sentir: “La misma noche que hace blanquear los mismos árboles, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”

 La pluma del vate puede ser vino generoso, pero también de alta graduación. Si mal se bebe, embriaga, comunicando al alma una fatiga agotadora.  ¡Ay, esa alma! ¡Si lo sabré yo!

Aquel día, o mejor, fue una noche, me confió un secreto, desahogándose entre sollozos. Me dijo que, si bien ella amaba todo, no era feliz. Y continuando su soliloquio, acentuó que no comprendía cómo amando tanto, no recibía el mismo amor. Me confesó que el mundo y las personas no saben amar. Ya no quería luchar más y deseaba morir. Había gastado todo su esfuerzo en querer y se estaba secando en un pozo vacío de amargura.

Con mi presencia silenciosa, procuré consolarla. Le dije que entendía su pasión amándolo todo, lo inerte y la carne. También, que ella había dado el amor que tenía, y que el apego consiste, aún sin recibirlo, en estar dispuesto a amar a fondo perdido. Un grano de querencia es suficiente para redimir lo que se ama, ajeno y propio.

Me escuchaba absorta. Sin pestañear. Muda. Y cuando me di cuenta, volaba yo hacía un espacio donde el caos es inexistente y sólo existe la perfección. La niña de las coletas y las gafitas había muerto de melancolía. No sé si llegó a escuchar lo último que le dije para consolarla. Se había marchado por amar demasiado el amor. Tanto amor mata y ella murió por desear plantarlo a su alrededor.

Yo, su alma, ascendiendo vi su cuerpo sin vida, aunque me queda el consuelo de que su rostro reflejaba una sonrisa que me recordaba a la luna cuando estira su sonrisa cual Gioconda. En el fondo, tengo la impresión que muriendo encontró al fin el amor que anhelaba. Era lo que quise explicarle.

 

ANGEL MEDINA, Granada, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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