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sábado, 5 de septiembre de 2026

LURCA - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 

LURCA

Corrí  desesperado. No había duda de que el propósito de aquellos hombres era detenerme. Cuando di  vuelta la esquina vi que otros estúpidos como yo corrían la misma suerte.

Vi que un joven y atlético habitante tropezó en la vereda y cayó en las redes asesinas.

Me imaginé que el pobre tenía tanta mala suerte como yo y pensé que, siendo tan ágil por su juventud no le había bastado para sustraerse a la detención. ¡Qué podía pretender yo entonces! Renegué. Seguro que al primer intento me atraparían a pesar de que aún mis piernas respondían bastante bien.

Noté que mi respiración se estaba volviendo agitada  y ansiosa. Tenía la boca y la garganta secas. Quise tragar saliva y me dolió la faringe por el esfuerzo, era como si mis viejos pulmones se estuviesen calentando para quemarme el pecho.

Varios de mis compañeros ya habían sido detenidos. En un último esfuerzo me arrojé a un zaguán simulando una acción de ocultamiento, pero eso sólo sirvió para que el uniformado y el otro, de civil, me tomaran por la fuerza y me arrojaran en el habitáculo donde algunos de mis compañeros mascullaban su rabia y su miedo.

Tres días habían pasado desde aquella fatídica mañana.

Tres días y tres noches de pesadilla.

Pocos pudimos dormir algún rato en el piso sucio y mugriento.

Algunas pilchas viejas y olorosas hacían las veces de camastro.

Casi no nos daban de comer y el agua escaseaba. Era sucia y caliente. Yo, a pesar de toda mi bronca y mi tristeza, aún comía de aquella porquería que nos daban.

Algunos compañeros hacían más de tres días que ya no comían.

Yo no entendía por qué. Más adelante habría de comprender lo que pasaba.

Al cuarto día, algunos de los presos más viejos, fueron reubicados quien sabe donde. Eran del grupo de los que ya no comían ni bebían. Pensé que irían a algún tipo de tortura o alguna cosa parecida y que más tarde volverían.

Nunca los volví a ver.

Un “niño bien”, que se la pasaba  llorisqueando todo el día, me dijo que estaba esperando que alguien lo viniera a buscar. Estaba seguro de que responderían por él y le darían la libertad, pero ya habían pasado veintisiete días y nadie había llegado para liberarlo. Esa noche dejó de comer y a los tres días se lo llevaron casi a la rastra. Tampoco lo volví a ver más.

Aquellos “traslados” de algunos presos comenzaron a inquietarme, máxime cuando había comprobando que ya no regresaban.

Después de que el “niño bien” llorón dejara de comer y de llorisquear, pasaron los clásicos tres días y una mañana se lo llevaron. 

No me olvidaré nunca de aquella mirada desesperada y de miedo que me arrojó por la cara, era como si me hubiese arrojado toda su incomprensión, su decepción y su tristeza.

Por supuesto, tampoco lo volví a ver.

Una noche, mientras simulaba dormitar, escuche algo que murmuraban los malditos carceleros. Uno de ellos dijo algo de “Treinta días”  y también me pareció que escuchaba mi nombre. Lo de los “treinta días” no lo entendí muy bien, pero estaba convencido de que habían pronunciado mi nombre.

Había perdido mucho peso y me estaba poniendo cada día más débil.

Estaba seguro de que alguien vendría por mi y me sacaría de aquella mugrienta prisión donde los barrotes  oscuros y lúgubres que nos separaban del mundo, se asemejaban a garras asesinas cerrándose cada vez con más fuerza y rapidez sobre los infelices que nos hallábamos allí sin poder saber siquiera cual había sido el delito que habíamos cometido.

Esa noche me tiré sobre el piso y tuve una revelación:

¡Ya se! ¡La señora Carmen me conoce y ella firmará con gusto la caución sobre mi honestidad!

Además, ella fue la única que siempre me alcanzó un plato de comida y nunca me hizo un reproche! ¡Claro: La señora Carmen..! ¡Cómo no me di cuenta antes! ¡Seguro que ella vendrá de un momento a otro y me iré de esta maldita pocilga! ¡Todavía hay tiempo! ¡Me parece verla entrando con su documento en la mano!

Pero las horas, con su cadencia inexorable fueron rolando ocultas entre los ruidos de la calle triste!

Los días pasaban y la señora Carmen no aparecía

Había perdido la cuenta del tiempo que había transcurrido desde nuestra detención.  Los que ingresamos el mismo día todavía estábamos allí.

Una mañana, sin saber por qué, sentí que la tristeza más profunda me invadía, que mis ojos estaban  opacos y que un gran cansancio se apoderaba de todo mi ser.

Ese día dejé de comer.

No tenía apetito ni sed y pensé que me había contagiado de aquella rara enfermedad que, poco a poco, se iba apoderando de todos nosotros. Me asusté.

Un guardia me trajo agua y vi  mi rostro reflejado en ella: flaco, con la mirada muerta y sin brillo. Solo eso.

No tenía sed y no bebí una gota. Aquel maldito líquido sólo me sirvió de espejo!

Tres días después vinieron a buscarnos y,  junto con los compañeros que habíamos sido detenidos en la misma ocasión, partimos desolados con el paso tardo hacia lo  desconocido.

Miré al guardia y supe de su miedo y de su angustia.

No se por qué, pero vi tanta zozobra en aquel rostro que sentí un nudo en la garganta y tuve ganas de llorar, por mi mismo y por aquel infeliz con cara de magro asalariado.

Me dio lastima el pobre hombre…

Partimos en silencio.

Atravesamos una inmensa sala, decepcionados de todo;  por esta perra vida y este puerco destino que nos tocaba vivir.

De todos nosotros ninguno tuvo la “suerte” de que alguien viniese por ellos a “sacar la cara”, como quien dice… y a ofrecerse como garante.

¿Garante de qué? ¿Qué habíamos hecho? ¿Sólo por vivir en libertad? ¿Sólo por vivir de cara al viento y pedir a veces algo de comida? ¿Sólo por ser tan pobres e indefensos? ¿Sólo por  saber mirar a todos con la pureza y el amor con el que nacimos?

¿Por ser apolíticos y ateos..?

Una gruesa señora entrada en años traspuso sudorosa la puerta principal y con ansiedad interpeló al guardia que con aspecto de hastío estaba apoyado en el mostrador  tratando de releer un diario Clarín de la semana anterior.

            -¡Soy la señora Carmen, la del Kiosco que está frente a  la plaza San Martín, ustedes me conocen! Vengo por Lurca, ¡espero haber llegado a tiempo! Firmaré la garantía y se irá conmigo. ¡Yo me hago cargo!

-Lo siento señora… Ayer se cumplieron los 30 días, respondió lacónicamente el empleado.

La pobre mujer miró con rabia hacia la pared mientras secaba una lágrima amarga y rebelde que escapó de su roto corazón.

En la pared que daba hacia la parte más luminosa del lugar había un cartel que decía:

“SEÑORES PROPIETARIOS, SI PASADO LOS TREINTA DÍAS NO RETIRAN A SUS PERROS, ESTOS SERÁN SACRIFICADOS SIN EXCEPCIÓN”.

“DIRECCIÓN DE ZOONOSIS”

PERRERA  de la MUNICIPALIDAD de... 

Norberto Pannone ©2013

NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina


LAS HUELLAS DEL PENSADOR FRANCES EN EL AUTOR DE ‘DON SEGUNDO SOMBRA’ Guénon, maestro de Güiraldes - Antonio Las Heras, Argentina

 


LAS HUELLAS DEL PENSADOR FRANCES EN EL AUTOR DE ‘DON SEGUNDO SOMBRA’

Guénon, maestro de Güiraldes

Del diario La Prensa 

 Ricardo Güiraldes registró en su diario personal las lecturas de René Guénon.

En este año, en que se cumplen 140 años del nacimiento de Ricardo Güiraldes (1886-1926) así como un siglo de la primera edición de su afamada novela Don Segundo sombra, corresponde investigar cuáles fueron las lecturas y quiénes los intelectuales que -de una u otra manera- guiaron sus perspectivas.

Para ir al encuentro de tales datos, nada mejor que volver a las página de su diario personal que, ya fallecido el autor, tuvo la inteligencia de publicar su viuda, Adelina del Carril, con el título de El sendero y el agregado que el mismo Güiraldes hubo redactado “Notas sobre mi evolución espiritualista en vista de un futuro.”

Sí. Este poeta y escritor tuvo muy en claro, desde los inicios de su vida, que la existencia humana no está limitada a reacciones físico/químicas (como tan de moda se pretende hoy en día) sino que hay un universo espiritual a través del cual puede encontrar, cada uno, su rol y función en la Gran Arquitectura Universal.

Aunque no se hayan conocido, es evidente que esto es lo mismo que propone el sabio Carl Gustav Jung (1875-1961) cuando se refiere al “Principio de Individuación” que no es otra cosa que la búsqueda para que cada persona se convierta en único e irrepetible. Una búsqueda que atraviesa toda la existencia de cada individuo y, como bien lo subrayaba el mismo Jung, sigue aún después de haber desencarnado.

Güiraldes entendió pronto que Occidente no estaba, ya en ese momento, en condiciones de proporcionarle respuestas para sus búsquedas. Por eso, en 1910, inicia un extenso viaje -de dos años de duración- que lo lleva a Japón, Rusia, India y Egipto. El autor de El cencerro de cristal entiende que es en la cultura oriental donde podrá abrevar de saberes y conocimientos que le permitan abrirse a la espiritualidad que tanto anhela.

EL MAS CLARO

También Europa ha de proporcionarle algo. Así deja constancia en El sendero cuando escribe: “El mejor y más claro de los libros europeos que hasta ahora haya leído sobre la metafísica oriental es el de René Guénon.” Para agregar de manera contundente: “No debo perderlo de vista porque me aclara conceptos y palabras por otros desfigurados.”

Antes de seguir, recordemos que entendemos por Metafísica (del latín metaphysica, «después de la naturaleza» en griego) a la rama de la Filosofía que estudia la estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad.

Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales –las esencias– con las que alcanzamos a comprender el Universo y, con él, al mundo, como entidad, ser, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad y el entramado del tiempo y espacio.

Aristóteles designó a la Metafísica como “filosofía primera”. Tengamos en cuenta que en la Química se parte de la premisa de la existencia concreta de la materia y en la Biología la existencia de la vida; pero ninguna de las dos ciencias define la materia o la vida; sólo la Metafísica suministra estas definiciones esenciales.

René Guénon (o Abd al-Wâhid Yahyâ, nombre que adoptó al convertirse al islam) nació en Blois (Francia) el 15 de noviembre de 1886 y desencarnó en El Cairo (Egipto) el 7 de enero de 1951. Es reconocido aún en la actualidad por sus publicaciones filosóficas y de indagación espiritual tanto como por su permanente esfuerzo por la conservación y divulgación de las tradiciones espirituales (lo que se conoce como la Tradición Hermética).

Fue un intelectual que sigue siendo una figura influyente en el dominio de la Metafísica. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy (1877-1947), especialista anglo-indio en arte oriental; nacido en la India y que desencarnara en los Estados Unidos. Se destacó en el estudio del simbolismo, mitología, Metafísica y religión comparada.

LA OBRA

Guénon publicó un total de diecisiete libros, además de diez colecciones de artículos los cuales fueron publicados póstumamente. Sus obras escritas en francés (aunque también escribió en árabe dos artículos para la revista El Maarifâ) han sido traducidas a todas las lenguas modernas occidentales y orientales.

Gran estudioso de las doctrinas y de las religiones orientales, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente.

En sus escritos, se propuso “exponer directamente algunos aspectos de las doctrinas metafísicas orientales” y, a la vez, “adaptar estas mismas doctrinas a los lectores occidentales, … siendo completamente fiel a su espíritu.” Destaca, también, su crítica a la civilización occidental desde un análisis estrictamente metafísico, sin caer en cuestiones ideológicas o políticas.

En 1930 viaja a El Cairo, donde se establecerá definitivamente. En 1949 obtuvo la nacionalidad egipcia. Durante su larga estancia en Egipto, Guénon llevó una vida austera y sencilla, totalmente dedicado a sus escritos y a continuar su trabajo personal en busca de un siempre mayor desarrollo espiritual. Falleció el 7 de enero de 1951. Quienes lo acompañaron afirman que su última palabra fue “Alá” (Dios).

Su pensamiento ha tenido una profunda influencia en gran variedad de autores, entre los que se encuentran Mircea Eliade, Julius Evola, Antonin Artaud, Raymond Queneau, Simone Weil o André Breton. En cambio el filósofo y escritor italiano Umberto Eco (1932-2016), autor de las famosas novelas El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, rechaza completamente sus premisas, métodos y conclusiones, por no considerarlas de carácter científico.

 

ANTONIO LAS HERAS - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis; parapsicólogo, filósofo, historiador y escritor. ‘Las búsquedas espirituales de Ricardo Güiraldes…’ es uno de sus libros. www.antoniolasheras.com.

 


domingo, 30 de agosto de 2026

LA NADA - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 




LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE... – César Vallejo – Santiago de Chuco (Perú), 1892 - París, 1938



CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE...

 

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

 

CÉSAR VALLEJO - Perú


DICEN -Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 


NORBERTO PANNONE - Buenos Aires, Argentina

CONTAMINADO - Germain Droogenbroodt - Alicante, España

 



CONTAMINADO

 

Aparentemente aún sin contaminar,

el cielo azul claro

contra cuyas nubes

de un blanco inmaculado

una bandada de pájaros

vuela ruidosamente,

como si protestaran

o como si fueran fragmentos

de la bóveda celeste.

 

GERMAIN DROOGENBROODT - Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


CUIDADO CON LA AUTOESTIMA - Mateo Di Blasio, Junin, Buenos Aires, Argentina

 


CUIDADO CON LA AUTOESTIMA

La autoestima,
un arma celosa de doble filo.
Frágil y tambaleante,
como todas las gotas
luego de la lluvia del ayer.
Curas baratas,
que sirven de escudo
para no enfrentar la realidad.
Solitaria mente,
que se refugia en otros
como si fueran casas de mármol.
Son de burbuja,
un simple soplido
te vuelve crédulo otra vez.


MATEO JOSÉ DI BLASIO - Junín, Buenos aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA BALADA DEL BOLUDO - Isidoro Blaisten - Concordia, Entre Rios, Argentina

 



LA BALADA DEL BOLUDO


Por mirar el otoño perdía el tren del verano. Usaba el corazón en la
corbata. Se subía a una nube, cuando todos bajaban.
Su madre le decía:
No mires las estrellas para abajo,
no mires la lluvia desde arriba.
No camines las calles con la cara,
que ensucias la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja.
No des la espalda al llanto,
no vayas vestido de ventana,
no compres ningún tílburi en desuso.
Mirá tu primo el recto
que duerme por las noches.
Mirá tu tío el justo
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo el probo
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado el astuto
que ahora alquila la lluvia.

Tu otro primo el sagaz
que es gerente en la luna.
—Tienes razón, mamá —dijo el boludo
y se bebió una rosa.
—No seré más boludo—
y se bajó del viento.
—Seré astuto y zahorí—
y dio vuelta una estrella para abajo
y se metió en el subte
y quedaron las gaviotas en el río.
Entonces vinieron los parientes ricos
y le dijeron:
—Eres pobre, pero ningún boludo.
Y el boludo fue ningún boludo
y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño.
Y llegó fin de mes.
Cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.
Entonces vinieron las fuerzas vivas
y le dijeron:
—Has vuelto a ser boludo, boludo.
—Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.
—Debes dejar de ser boludo, boludo.
Y medio boludo,
con esos cinco minutos de boludo,
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre.
Dudaba como un boludo.
Y subió las escaleras para abajo,
hizo un hoyo en la tierra
miraba las estrellas.
La gente le pisaba la cabeza,
le gritaban boludo.
Y él seguía mirando
a través de los zapatos
como un boludo.
Entonces vino un alegre y le dijo:
—Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo:
—Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo:
—Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo:
—Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo:
—Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo:
—Judío boludo.
Vino su madre y le dijo:
—Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
—Te quiero.

ISIDORO BLAISTEN
- Concordia, 12 / 1 / 1933 -
Buenos Aires, 28 / 8 / 2004 – Argentina.


LA BALADA DEL BOLUDO – Isidoro Blaisten - Concordia, 12 / 1 / 1933 -

Buenos Aires, 28 / 8 / 2004 – Argentina.

*Grabada por Gian Franco Pagliaro

*click: https://www.youtube.com/watch?v=VDmOJMpQ4vg


TIEMPO MUERTO - Marian Muiños - España

 


TIEMPO MUERTO


¿Adónde va el tiempo que se pierde?
¿Habrá manos esperando una oportunidad?
¿O caerá en el agujero negro de la desidia?
No tengo tiempo.
Lo he perdido por el hueco de las horas.

Al final de mis días
lloraré por esas migajas –inútilmente.
Si se pudiera reciclar el tiempo
yo tendría
toneladas de minutos, desperdicios
extraviados entre dolores y apatías.

Dicen que el tiempo no existe,
que todo es un eterno presente.
Entonces, ¿cómo es posible perderlo?


MARIÁN MUIÑOS – España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ENSUEÑOS CON JANE BIRKIN -Antonio Las Heras - Buenos aires, Argentina

 



ENSUEÑOS CON JANE BIRKIN.


Distrajo nuestras mentes juveniles
llevados a viajar con tanta intriga
por sitios ignorados, todavía,
que el ánimo, interno, anhelaba.
Katmandú, claro, era uno de ellos
y hubo otros, tan lejanos como extraños
que hoy ya la mente no recuerda.
Allí estaba ella, entera en la pantalla
de aquel cine de barrio continuado
dándonos la compañía necesaria
para emprender, al fin, esa travesía
con imaginación y fantasía realizada.



ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

A la actriz Jane Birkin (1.943/2.026), protagonista de “Los caminos a Katmandú” (1.969) y “Muerte en el Nilo” (1.978) entre muchos otros largometrajes.