ESCALERA SEXUAL
Deje volar su imaginación el lector.
Se trata de un programa de televisión de
máxima audiencia al que acuden por primera vez parejas (homo, bisex, hetero) en
un abanico que comprende desde los 18 a nonagenarios, y a veces, con más
edad. Se conocen durante la cena.
Durante o al finalizar la misma─ prácticamente sin excepción─, ¿qué cree que se preguntan? Pues eso: ¿Tú que tal funcionas
en la cama?
Hombre, preguntas íntimas en la
intimidad pueden entenderse, pero al parecer se olvidan que están en una
ventana pública a la que accede mucha gente, entre los cuales pueden
encontrarse familiares, ex, hijos, amigos, compañeros de trabajo, conocidos e
incluso tal vez la portera del edificio, con lo cual está garantizado el morbo
del barrio. Sexo sin seso, podríamos decir.
¿Pertenece el sexo a la privacidad?
Antes, al menos como generalidad el
sexo no sólo implicaba privacidad sino pasión amorosa. Sexo y afecto. Hoy, son
muchos los que siguiendo a aquel teórico del erotismo llamado Wilhelm Reich,
discípulo freudiano, sostienen que para que el goce sea perfecto ha de
desconectarse el acto de sus posibles consecuencias, lo que implica no ser
responsable de lo que se hace, y, por tanto, si llega el caso que se las apañe
con la criatura o que se deshaga de ella.
Por si acaso, no se atreva a opinar
si no coincide lo que piensa con la moda de la “utilidad” ─ indistintamente sea
el sexo─ en aras del utilitarismo,
esto es, pensar que lo bueno es aquello que conviene al que lo desea. Es la
“nueva vague” del modernismo, y si desentona se expone a ser considerado-a una
antigualla. De ahí el dicho popular: “Eso que me dices era en tus tiempos”. Y
es que la “..dienda” no tiene enmienda”
Por eso, vamos a tratar este tema de
manera reflexiva. Sin tomar posición previa. Juzgue, pues, el lector.
Eufemismo es decir “hacer el amor”
(sin que sea tenido en cuenta) cuando en tantas ocasiones nos referimos a
practicar sexo sin más (dicho de manera fina). Y como se invoca el amor veamos dónde
situarlo. Juzgue el lector nuevamente.
Imaginemos una escalera con diez
peldaños.
En el primer escalón podemos leer
“violación”.
En el segundo “prostitución”.
En el tercero “chantaje”.
En el cuarto “falsas promesas”
En el quinto “seducción”
En el sexto “atracción”
En el séptimo “afecto”
En el octavo “compromiso”
En el noveno “voluntad de convivencia”
En el décimo “matrimonio”.
En la violación no existe voluntad de
entrega por una de las partes y es forzada a la realización del sexo.
En la prostitución es comprada una de
las partes. Una paga y la otra recibe. Pura mercancía carnal.
En el chantaje (digamos la obligación
de ceder bajo amenaza o por ascendencia sobre la otra parte), existe el temor,
pero no la libertad.
En las falsas promesas (por ejemplo,
el engaño de prometer crear un vínculo duradero entre los dos) supone falsear
un sentimiento para que se consienta, pero la libertad es burlada.
En la seducción podemos considerar
que se da algo positivo, y es la atracción física, suficiente para mantener la
voluntad del acto que se ejercita, pero se “utiliza” a la persona para una
finalidad exclusiva. Se usa y se tira.
En la atracción se refuerza el
vínculo. Ya son las dos voluntades las que coinciden, aunque sean consciente
que no existe promesa alguna de continuidad. Sólo se contempla la “apariencia”
de la persona. Oferta ocasional.
En el afecto, la atracción física se
ve reforzada por la psíquica o espiritual. Interviene más la libertad para el
consentimiento, pero no existe el compromiso.
En el compromiso se produce la
entrega anticipada y conlleva parte del amor. Existe una semilla de
continuidad.
En la voluntad de convivencia entre la
pareja se refuerza el vínculo en la entrega, con la promesa de unirse las dos
personas más allá del momento. Se entrega parte del “yo” al “tú”.
En el matrimonio se entrega no sólo
el cuerpo sino la persona entera más allá del sexo. Lo que se tiene y lo que se
es.
¿En qué escalones situaría el amor en
libertad?
ÁNGEL MEDINA – Málaga,
España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA

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