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domingo, 21 de diciembre de 2025

SOBRE EL AMOR - Santiago Sylvester - Salta, Argentina

 










SOBRE EL AMOR


No importa dónde nace el amor 
(los nacimientos son asuntos de registro o 
de parroquia) 
pero sé que no dura al aire libre, 
en ese prado aséptico con un molino al fondo. 
Nace en cualquier parte 
pero no prospera en la ilusión bucólica: 
busca la complicación, 
no el caos pero si su orilla, 
un cuerpo espeso de tejidos 
y de material residual, 
y busca sobre toda la armonía 
que es donde, si nos descuidamos un instante, 
muere por falta de necesidad.


SANTIAGO SYLVESTER – Salta, Argentina


TRANSCURRE DICIEMBRE… Antonio Las Heras -- Buenos Aires, Argentina

 







TRANSCURRE DICIEMBRE…


Es la media mañana de este diciembre 
inquietante, oculto, silencioso 
que invita a esas reflexiones pospuestas 
por no haberse atrevido a vivirlas plenas. 

Los pájaros surcan el aire, lejos 
de dónde está posada la mirada 
que interroga con espíritu frenético, 
anhelante de respuestas tan ansiadas.

Un nuevo año se aproxima, 
eso es seguro, inevitable y oportuno 
pues la proa de la vida allí puesta 
invita al recorrido de la senda cierta. 


ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

 MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


HOY TE VI TAN LUNA - Marian Muiños - España

 










HOY TE VI TAN LUNA

Hoy te vi tan luna 
sin ser media 
ni entera 
ni blanca. 

Alternadamente 
asomándote 
calle a calle 
el autobús 
rodando 
rápido. 
Y tú, fugaz: 
tres cuartos de luna 
irregulares 
-cobre de luz 
y no blanca!

La noche arriba 
a tu izquierda, 
disimulando 
tu escasez de luna.

Y tu gravidez visible 
pariendo sueños 
de hijos que no nacen 
de madres que no sueñan.

Pariendo la noche entera 
tu hechizo 
que nunca cesa. 

Ni siquiera 
con la Tierra y sus seres dando tumbos. 
Ni siquiera 
cuando apenas te miran los poetas. 

Ni siquiera. 

Del libro “De paso por el mundo” Ed. 2024

MARIAN MUIÑOS – España 
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ANTES - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina




Dibujo de Samuel Mallo López

ANTES

La poesía precede al lenguaje.

En la luz que se demora
sobre una hoja
como si dudara.

En el viento
que no explica nada
y aun así insiste.

En el agua
que emprende el camino
sin preguntar.

En la flor
que se abre
sin tener nombre
ofreciendo su color
y su perfume.

La poesía no escribe.
Respira.

Está en el árbol
que se inclina
y da sombra.
En la piedra
que guarda siglos
sin palabras.

Nosotros llegamos después,
con el lenguaje a cuestas,
a intentar nombrar
lo que ya estaba
vivo
y en silencio.


LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA




SOLEDADES - Ricardo Molinari - Buenos Aires, Argentina











SOLEDADES


De ayer estoy hablando, de las flores, 
de la fuerte agua, transparente y fría, 
del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!, 
de un ángel dulce y solo en los albores. 

De tantas noches secas y menores, 
del perseguido bien sin alegría; 
del aire, de la sombra y la agonía, 
de lumbres, cielos y arduos pasadores. 

De ti, tiempo llegado y desprendido, 
que vas en mí y me dejas en velada: 
solitario, desierto y sin sentido. 

Y encima de ti, vida delicada, 
cabello suave, quieto y advertido, 
la muerte sueña y mueve su morada.


RICARDO MOLINARI – Buenos Aires, Argentina


SONETO DEL RETORNO - Joaquín Gómez Bas - Buenos Aires, Argentina

 








SONETO DEL RETORNO


Quiero encontrar la sencillez que un día 
deseché por pueril e inofensiva; 
hallar la intrascendencia rediviva, 
remozada en candor y algarabía.

Recuperar mi trompo de alegría, 
la inocente pirueta sensitiva, 
y trocar mi violada luz cautiva 
en luminaria de juguetería. 

Volver a la estridencia de la ronda, 
a la crueldad sin culpa de la honda, 
a jinetear el palo de la escoba… 

Hallar de nuevo el canto de la espuma 
y tiritar medroso ante la bruma 
que trae al ogro que a los niños roba. 

 

JOAQUÍN GÓMEZ BAS - Buenos Aires, Argentina

TIEMPOS DE SEDAS - Norma Padra - Buenos Aires, Argentina

 




TIEMPOS DE SEDAS


Una mañana de invierno cercana a la primavera, llegó a Biertel el joven Xiao Yi, 
proveedor de las más finas y delicadas sedas. Él conocía muy bien el camino de la seda 
que sus ancestros chinos habían transitado. Las modistas de aquel pequeño pueblo de 
Alemania lo esperaban con ansias todas las temporadas, para poder confeccionar las 
camisas de los caballeros, o los vestidos para las damas de la aristocracia. 
Xiao Yi había nacido en Taipéi, bajo la protección de una familia tradicional, que le 
transmitió valores y normas de convivencia estrictas de esa cultura. Siempre se lo veía 
impecablemente vestido, su andar era digno de atraer las miradas. Sus ojos rasgados y 
profundos eran como perlas negras; su sonrisa persistente, el contorno de sus labios era 
fino y su piel nacarada. Su refinamiento oriental provocaba las miradas de las mujeres 
de Biertel y los celos de sus esposos. 
Si bien tenía un trabajo solitario él era muy comunicativo y le gustaba entablar 
conversación con los nativos de los países europeos, sin importarle sus rasgos. 
En cuanto Xioa Yi instaló su carro en la plaza y abrió los baúles se produjo la magia. El 
colorido de las sedas y sus brillos cambiantes se dejaron ver cuando él tomó las telas y 
las hizo danzar por el aire para mostrar la calidad con que habían sido elegidas. Sabía 
exactamente qué tela necesitaba cada persona para cambiar su suerte y su futuro. 
Se acercaron las costureras más importantes. Anna acompañó a su madre a ver las bellas 
telas. Sus hermanas, alborotadas, también corrieron para saludar a Xiao Yi. Lo 
invitaron a beber agua fresca recién traída del arroyo. Anna, la más joven de ellas, 
siempre se había sentido atraída por él, porque dejaba un perfume excitante al andar, tan 
elegante que evocaba la frescura de un jardín en primavera. Todo su aspecto era muy 
varonil… también mantenía ciertos misterios. Contaba historias de su ir y venir que lo 
llevaba a conocer diferentes países, por los que viajaba sin cesar. En las charlas que 
mantenía dejaba deslizar algunas confidencias de clientes de otros pueblos, pero nunca 
hablaba de sí mismo. 
Cada año Anna lo esperaba con mucha ansiedad. Por suerte, para su contento, Xiao Yi 
se hospedaría en el cuarto principal de su casa, que estaba reservado para huéspedes. 

Después de compartir la cena se saludaron y partieron hacia sus habitaciones. Era casi la 
medianoche cuando Anna se acercó con decisión pero, a la vez con cierto temor hacia la 
puerta del dormitorio de Xiao Yi. La danza de las luces y las sombras que la vela 
ardiente del candelabro dibujaba sobre el cuerpo de su amado le produjo un 
encantamiento singular. Se tendió a su lado entre las sabanas perfumadas de lavandas. 
Él despertó asustado. Estaba inmerso en un sueño muy profundo, Anna comenzó a 
acariciar la bata de seda que él tenía puesta. Incómodo al principio no supo qué hacer. 
Tomó las manos de ella y las alejó de su tenso cuerpo. La miró desconsolado y dejó 
caer las lágrimas que desahogaron su angustia. Ella asustada, por ser la primera vez que 
estaba a solas con el hombre amado, no entendió. Y volvió a tocarle suavemente el 
brazo y los hombros, mientras sus manos temblorosas gozaban cada centímetro de esa 
seda que recorría. Hasta que por fin, Xiao Yi pudo recuperarse y acongojado le contó 
que al cumplir los dieciocho años se había casado, como lo marcaba la tradición y tuvo 
una hermosa hija. Mientras se encontraba vendiendo telas a miles de kilómetros de su 
familia, una desgraciada noche, el fuego devoró su casa con ellas dentro. El espanto se 
vio reflejado en el rostro tenso de Anna que mantenía su corazón oprimido. Él la 
contuvo entrelazando sus manos y así durmieron, luego de un largo silencio. Serenos, 
tomados de la mano. 
Antes del amanecer Anna despertó y él ya no estaba. Le había dejado, en el borde de la 
cama, unos pañuelos de seda y un pequeño escrito donde le decía; “perdóname, nunca 
más me verás. Pronto conocerás al verdadero amor de tu vida y serás muy feliz. Yo 
solo sentiré nostalgia por no volver a ver a tu familia”. 
Anna comprendió entonces que él vivía habitado por sus propios fantasmas. Fue hacia 
el viejo retablo que tenía en su casa y rezó por ella misma. Pensó que, quizá, la ilusión 
de vivir un gran amor la había mantenido expectante y feliz. Tenía ahora que aceptar 
con nostalgia su pasado, su presente y su futuro sin Xiao Yi. 

Fin 

3/12/2025

NORMA PADRA –
Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



DIGNIDAD - Salomé Moltó - Alicante, España

 





DIGNIDAD

 

Atributo ético moral común a toda persona.

.-A resultas de oír la radio, ver la televisión y demás medios informáticos, podríamos pensar que esta hermosa palabra ha desaparecido de nuestro diccionario. Creo que nos ha abandonado, cansada de ser violada, adulterada, falazmente interpretada, menospreciada y atrozmente ignorada.

Kiko era un campesino, que vivía en un pueblo rural, allá a finales del diecinueve y principios del veinte. Trabajaba en Papeleras Reunidas y cuando terminaba su jornada laboral y por tiempos ya primaverales, iba a las masías a limpiar de hierbas pujantes los márgenes de los bancales, huertos y jardines, lo que le suponía una doble jornada de trabajo. Por esta segunda labor no cobraba salario alguno, el dueño de la masía le decía que cogiese, algunas panojas, rastras de ajos o cebollas, o algún montoncito de fruta algo dañada. Lo dejaba a su libre albedrío y cuando comprobaba la equidad que aquel hombre usaba para cobrarse el esfuerzo realizado, no podía más que extrañarse:

“Vaya Kiko, ya veo que eres un hombre honrado y comedido” a lo que Kiko le respondía:

“Procuro ser lo más equilibrado posible, ya que usted tiene la propiedad, de la que necesita más o menos, que lo mismo aumenta, que disminuye, según las cosechas y las circunstancias, por supuesto; mi único valor es mi dignidad, con la que alimento mi existencia”. Debo decir que estos razonamientos no siempre eran comprendidos, ni por unos ni por otros.

Sin duda, Kiko mantenía su conducta alimentada de dignidad, la cual no perdía nunca de vista, pues era el elemento moral que ajustaba su conducta.

Más que con sorpresa, se diría que con extrañeza cada cual le da una significación particular y no tanto la notamos de falta cuando somos agredidos que cuando somos nosotros los agresores.

Parece que no es tan fácil mantener una existencia digna; estando la situación económica y social tan deteriorada

Horroriza pensar lo difícil que resulta mantener la propia dignidad ante la falta de trabajo, que te aboca a aceptar algo que en otras circunstancias rechazaríamos totalmente. Ahora, como decía el paisano, hay que bajar el listón de la dignidad y aceptar lo que antes se rehusaba.

Esto será, según se interprete, porque recoger comida, ropa, o metales puede ser tan digno como cualquier otro menester.

Qué duda cabe que como ser humano, una persona pudiente puede tener tanta dignidad como cualquier otra, pero el trabajador tiene, además, la dignidad de su trabajo, sea el que fuere. La dignidad que se logra cuando tu deber está cumplido, cuando tu aportación al bien común, no solo porque has trabajado, sino, porque has ayudado a los demás; es la cuota de dignidad más alta que puedas alcanzar y la sustancia que mantiene tu moral a flote.

Diremos que no es fácil y acertaremos, pero seguiremos manteniendo la idea de que un NO ante algo que daña nuestra dignidad, y que echamos de falta en los políticos que nos gobiernan, nos llena de una infinita satisfacción, y encontrarse bien porque nuestra dignidad ha sido salvaguardada, es una satisfacción no siempre fácil de lograr.

SALOMÉ MOLTÓ - Alicante, España

MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SONETO PARA UNA NAVIDAD - César Tamborini Duca - León, España

 







 SONETO PARA UNA NAVIDAD


Un Rey en pajar nació 
de la estirpe de David 
generoso como vid 
al decir del que lo vió.

Sin corona era este Rey 
adorado por los pobres 
-aquellos sin pan ni cobres- 
los seguidores, la grey.

Iba en el campo sembrando 
y otros iban cosechando, 
sus consejos, su palabra; 

su discípulo, Francisco, 
hoy nos revive a Cristo 
pues un mismo campo labra.


CÉSAR TAMBORINI DUCA – León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


CONTAGIEMOS LA PAZ - Lola Benítez Molina - Málaga, España

 








CONTAGIEMOS LA PAZ

Ahora que es época de Navidad, 
de luces que se encienden, 
de reuniones de hermandad, 
para festejar el nacimiento del niño Jesús, 
es hora de comenzar a contagiar la paz, 
es hora de erradicar la maldad, 
de comenzar a ver una nueva mañana 
y así sembrar un mundo de esperanza. 
Unamos la alegría, 
contagiemos la paz 
y veremos germinar la semilla de la felicidad. 



LOLA BENÍTEZ MOLINA -
Málaga (España)

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA