DE LA MENTE HUMANA
(Alguien preguntó alguna vez a otro alguien cómo era y de qué
estaba formado- dentro del poderoso órgano llamado cerebro- el enigmático y
soberano territorio de la mente humana).
Y quién sabe fue lo que dijo el que lo dijo diciendo, que la mente
humana, cárnica y orgánicamente era como un diminuto planeta habitando a un
Planeta Mayor, en un juego de espejos matizado por luces de vida y alegría y
por sombras de muerte y de tristeza. De perfiles lisos y ahuecados, inertes o
vivaces.
Y que en ambos planos circunvalaban las más bellas u horripilantes
texturas de la única criatura de barro portadora de un don pensante y de un
decisor tan complejo como un conjunto de figuras geométricas que pudieran
reunirse y compactarse, en una sola, armónicamente....
... Figuras geométricas congeniadas hábil y secretamente por el
Único Señor Que Es y Que hace Ser, y extrapoladas como el más rutilante
caleidoscopio jamás imaginado por algún otro y atrevido orfebre demiurgo de lo
fantástico.
Cuatro puntos cardinales y un centro que gobierna la rotación de
los más recónditos pensamientos y sentimientos, separados a su vez por dos
cortezas continentales donde la nervadura intrincada de la inteligencia, la libertad
y la imaginación creadora, acuden en un planificado llamado Superior, a
coordinarse o a atraerse en raptos ora de cordura u ora de locura, ora
algorítmica, ora neuronal y/u ora espiritualmente, atrayéndose y coordinándose,
o rechazándose y compitiendo, en una ceremoniosa puja o acuerdo -incesantes-
llamada/o comportamiento.
Y en ese territorio, fundado como el soplo del Humano Quehacer,
dicho Planeta gira y gira como parte inescindible y traccionada de otro Planeta
mayor que contiene a todos los territorios mentales y naturales que lo
conforman en una especie de valles, montañas, ríos, mares y océanos; y que
gira, junto a Otros de similar estructura creativa, en una ruega galáctica
de infinitos misterios divinos rotativos. Y ese triangulado y
cuaternario territorio, al mismo tiempo es capaz de sembrar así ideas y cosas
buenas, bellas, justas y verdaderas; más también y desde su oscuro muro,
encerrar en su hábitat tras sus rejas serpenteadas -y con el mitológico nombre
de Caja de Pandora-, tanto lo malo, como lo falso, lo absurdo, lo caótico y lo
filosamente… tenebroso.
(Y, desde aquel día, Alguien nunca más volvió a preguntar a
alguien cómo era y de qué estaba formado dentro del poderoso órgano llamado
cerebro, el enigmático y soberano territorio de la mente humana).
ADRIAN NÉSTOR ESCUDERO – Santa Fe, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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