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sábado, 21 de noviembre de 2020

EL POETA, Héctor Alberto Polizzi, Buenos Aires, Argentina

 














EL POETA

 

 La vida del poeta, nunca es vida,

la vida del poeta es solo un sueño,

él simplemente, será siempre dueño

del amor, la nostalgia y la alegría.     ´

 

El poeta hijo mío, nunca, nunca muere,

es eterno en las letras de sus versos,

él recorre día a día el universo,

en el corazón de aquellos que los leen.

 

Lleva dentro una llama muy brillante,

una llama tenaz, que no se extingue,

una llama tan inmensa e increíble,

que se extiende en amor avasallante.

 

Adalid del que sueña y no se entrega,

paladín sin más armas que su pluma,

lo verás aparecer tras esa bruma

del olvido, que cubre al que no llega.

 

El poeta es mil cosas diferentes,

es un pensamiento puesto en la poesía,

es belleza, timidez, la luz del día,

y se halla en el dolor del indigente.

 

En un beso de niña que inocente

despierta a ese amor que pretendía

o en la madre jadeante que paría

el sueño de sus largos nueve meses.

 

 

©HECTOR ALBERTO POLIZZI, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

EL CAMILO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 














EL CAMILO


La muerte andaba fingiendo

que al Camilo no veía.

Tarde o temprano sabía

que al indio, que andaba huyendo,

seguro lo alcanzaría.

Qué es esto de andarle errando?!

-Se cuestionaba la muerte-

No fuera que alguien pensara:

-¿por qué al Camilo perdía?,

no era ella la más fuerte?

Buscó en su agenda la muerte

las hojas del calendario,

recorrió el abecedario

y halló anotado al Camilo,

que apareció varias veces.

Sin ocultar su disgusto,

Vio que el pobre desgraciado,

tres veces se había escapado

de ser un frío difunto.

Pero, ¿por qué causas tontas

el viejo la había burlado?;

la primera fue en agosto

del año que había pasado,

la segunda, una mañana

que se cayó del caballo,

la tercera, una estocada

que en una pelea brava

le abrió el pecho, bajo el brazo.

 

La muerte andaba fingiendo

que al camilo no veía.

Pero un domingo a la tarde,

merodeando el mediodía,

la muerte artera y cobarde

se le metió bajo el catre

cuando el Camilo dormía…


del libro: “Más allá del carmín”

 

 

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

 


INTROSPECCIÓN, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 












INTROSPECCIÓN

 

Entrégase a la indiferencia de lo opaco

Mírase de cerca la máscara

Movilízase en lo que se mantiene

en los caparazones

en los cúmulos

en los primeros estigmas heredados

en las lisuras replegadas

cuando vuela y no llega

a lamerse el rostro

Se disgrega el sonido

Inútil cercanía

para verse por dentro.

(1982)

* "Entelequias", poemas. L. A. -  Ed. Torres Agüero, Buenos Aires, 1994.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR CULTURAL Y MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 


ESOS OJOS DESCONOCIDOS, Lola Benítez Molina, Málaga, España

 










ESOS OJOS DESCONOCIDOS

 

Esos ojos que respiran, que lo dicen todo, se me clavan en el alma con el dolor que ocasiona la incertidumbre. Son los que, esta vez, me impulsan a escribir.

            Quiero que esos ojos se inunden de olvido, para que su retina no guarde el dolor existente y para que el miedo quede yermo. Pasasteis con temor y desconcierto. Son ellos los que hablan. Los gestos, las sonrisas no pueden quedar atrás.

            Eran unos ojos que manifestaban recelo en una pareja de enamorados adolescentes, cogidos de la mano, que han pasado de ser niños a adultos en menor medida de lo que dura un segundo.

            Pasan desapercibidos como tantos otros, pero sus miradas resquebrajaron mi paso. Puedo entenderlos y quiero mostrarles lo mejor de la vida: el amor. El dolor endurece y te vuelve desconfiado.

            Anhelo que pase este tiempo deprisa y que se llene de olvido, que solo lo bueno nos deje.

            El reconocido escritor John Steinbeck refiere: “Un alma triste puede matar más rápidamente que una bacteria”. Por ello, no podemos dejar que ninguna situación nos aflija. El poder del ser humano radica en su fortaleza. La presión psicológica es muy fuerte y merece la pena actuar con cautela y disciplina.

            El mundo no es de los débiles, pero tampoco de los locos inconscientes que ponen en peligro no solo su vida, sino la de los demás.

            Eleanor Roosevelt dice: “No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella. Y no es suficiente con creer. Hay que trabajar para conseguirla”. Nos guste o no, no nos queda más remedio que trabajar para conseguir acabar con el SARS-coronavirus-2 (2019).

            Quiero volver a ver ojos radiantes de alegría que, gracias a la colaboración de todos, sin excepción, tendremos la dicha de percibir en los nuestros. El hombre dominado por las drogas o por el egoísmo es hombre muerto. Que no atente contra la vida de los demás. Si tiene miedo, lo cual es lícito, que pida ayuda hasta que alguien sepa escucharlo y ahondar en su dolor.

            Para concluir, una frase que me gusta recordar para seguir adelante con fuerza: “Jamás desesperes, aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”. (Proverbio Chino).

            Y una más, de Tony Robbins, para alegrar el ánimo: “Vive la vida con una actitud de expectativa optimista, sabiendo que todo lo que pasa te beneficia en un sentido o en otro”.

 

©LOLA BENÍTEZ MOLINA, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


LA ESPERA, Ady Yagur, Israel

 









LA ESPERA

 

Otoño que aleja la espera

hojas destiñen de amarillo,

desnudando a las ramas

que parecen se abrazan.

 

Espera que hiere mi pecho

el virus deja su impronta,

a seres con sus anhelos

entre pueblos  en pena.

 

Agonia del tiempo vivido

voces con fuerza son eco,

la espera  se vuelve cruel 

con su huella imborrable .

 

Pasa el tiempo implacable

va tomado de mis manos,

es mi amigo inseparable

que descansa en mi regazo.

 

La espera  marca senderos

a la pandemia  presente,

complaciente con empeño

deja silencio en mis labios..

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

...


LA INFIDELIDAD, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 










LA INFIDELIDAD


 Es bastante notorio el relacionar el adulterio con la infidelidad, es más, para casi todo el mundo suele ser lo mismo y no obstante las connotaciones de una cosa con otra son bastante distantes. Mientras que el adulterio conforma conceptos netamente relacionados con las relaciones de pareja, la infidelidad abarca mucho más, ya que son muchas las situaciones en las que se pondrán en juego nuestro talante de, por supuesto de honestidad que es el elemento moral básico que va a marcar nuestra conducta.

Se nos confía un puesto de responsabilidad y se espera de nosotros que cumplamos con nuestro cometido de ser fieles a los fundamentos del proyecto, empresa laboral, cultural, política etc.

Sin duda cualquier empresa de la índole que sea no puede solamente basarse en que las personas que lo componen sean buenos profesionales de la función a ejercer. Que sean buenos ingenieros, gestores, administradores etc. es importante, pero importa más que sean fieles a la entidad, pero desgraciadamente hemos entrado en un estado especulativo y todos los elementos bien preparados se han puesto a especular en el rendimiento que van a darle ciertas gestiones y los puesto de van a alcanzar según que posición vayan a ocupar y cual van a defender.

Cuando estábamos en plenas elecciones municipales y autonómicas, los partidos políticos se deshacían en especulaciones de qué porcentaje iban a obtener de los votantes y cómo se repartirían la tarta del poder y consecuentemente el poder del que iban a disfrutar, pues llegan a los presupuestos y cómo van a administrar ese dinero que es la riqueza que generamos todos los que trabajan y que en los últimos tiempos hemos visto que la tijera de la administración no se ha privado de recortar a todo el mundo laboral, dejando incluso en la más pura miseria a miles de familias, mientras  que los corruptos, ladrones y prevaricadores y demás, no han hecho más que ser fieles a su mandato personal «cuanto me llevo?». La fidelidad a unos principios que los hacía respetables y ganar la confianza del electorado, sencillamente brilla por su ausencia.

Probablemente volverán a salir elegidos, lo que nos pone de manifiesto que tenemos lo que nos merecemos, viendo que la infidelidad a unos valores y a una conducta seria, se han impuesto en nuestra conducta habitual. ¡Una desgracia como otra!

 

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFCO DE ASOLAPO ARGENTINA


DUBBIOSI SILENZI, INTANGIBILE QUIETE, Gabriella Bianco, Venecia, Italia
















DUBBIOSI SILENZI, INTANGIBILE QUIETE

                                                  A Venezia, preziosa Serenissima!


Ora i tempi saranno d’attesa,

aspettando in dubbiosi silenzi, 

il senso del nuovo cammino.

Si dissolve nell’aria tumultuosa d’autunno

la vicenda appassionata di una storia gloriosa.

 

Si fermi il tempo,

si plachi la marea, nell’infinito svolgersi dell’onda,

smetta di soffiare il vento impetuoso,

in onirica calma contempliamo la città splendente,

negli inermi destini, sereno è il dolore.

 

La città aspetta, decorosa, dignitosa, surreale,

in incerte penombre e ricami d’argento.

Le ombre silenziose della storia

respirano di gloria, risalendo il presente.

Così si leva il canto, alto, solenne, avvolto in una intangibile quiete.

 

novembre 2019

 

©GABRIELLA BIANCO, poeta y escritora italiana

PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

 

 


AHORA QUE RECUERDO AL CHINO, George Reyes, Ciudad de México

 















AHORA QUE RECUERDO AL CHINO  

“'Tal vez un día me pueda ir de estas tierras a aquellas que anhelo', se decía para sí el Chino ya en esa época mientras se comía enteros sus guardados trozos de esperanza”.

 

      El Chino Landázuri había arribado felicísimo a Solonós —tierras de propiedad de don Recuerdo Del Bien—, meses después de graduarse de Bachiller con la nota más alta y de granjearse el respeto de quienes complotaban contra su éxito.  Su arribo lo había hecho sin dinero alguno, sorteando así una serie de dificultades económicas y de otra índole. Ahora que recuerdo, después de graduarse de esa institución con honores altos, se dedicó a buscar  trabajo acorde a su campo en el terruño de su arribo; terruño que, aunque paupérrimo y enfrascado en una guerra intestina, le resultó mágico y entrañable; había sido construido con piedras planas y puntiagudas, y sostenía el peso de edificios tanto fríos como acogedores de adobe, piedra y cemento, en los que más de una vez lo habían hospedado y alimentado con tortillas de maíz y tamales de chipilín, y hasta enchilado.*

      —“Tal vez un día me pueda ir de estas tierras a aquellas que anhelo”, se decía para sí el Chino ya en esa época mientras se comía enteros sus guardados trozos de esperanza.

       —“Dicen que, al regresar de allá, del Trópico de Cáncer, donde desde aquí se ve besarse el cielo con la tierra, se viene con mayores credenciales; entonces, las puertas se abren de par en par por acá donde el cielo parece tan huraño con la tierra”, comentaba casi diariamente a sus amigos cual si fuera disco rayado.

       Con el deseo de que su sueño comience hacérsele realidad, un día decidió visitar a don Recuerdo del Bien en su despacho austero del segundo piso. Fue invitado a entrar y a sentarse.

       —“Regrese a su tierra; allá lo están esperando”, le recomendó don Recuerdo. Se me escapa el mes, la fecha, el día y la hora en que tal conversación aconteció; lo que sí recuerdo bien es que a la sazón él era un joven bastante apuesto, sencillo, aparentemente introvertido, inteligente, buen lector, de mediana estatura y que, por su abolengo familiar, y por su esmerada educación, solía vestir bien y cuestionar lo que le parecía vulgar. Pero traía en sus espaldas el peso del sueño frustrado de ser cantante; no obstante, en una ocasión, recibió la invitación para debutar en la televisión nacional y, más tarde, se habría de rozar con reconocidas personalidades de las letras solonenses. ¿Qué más quería?

     —“¡Que triunfe, el señor Landázuri!”, le había deseado doña Tere, su admirada profesora, cuando ella recibió sus saludos y se enteró de los rumbos de quien había emulado su interés por las máquinas viejas de escribir, las bibliotecas, la oratoria y hasta los gatos. Él guardaría por siempre en su corazón tales deseos. Gimió al enterarse tardíamente de la muerte de doña Tere.     

     Al oír la recomendación de don Recuerdo, el Chino se estremeció y visualizó a su viuda madre doña Aleja —bella flor de un vergel que fue—   en la ventana de su casa campesina, decorada por dentro con calendarios de años idos y por fuera con viejas macetas de geranios color rosa, a la espera de la llegada de uno de sus hijos. Al mismo tiempo, la visualizó acompañada de aquellos perros corrientes y raquíticos que él había dejado atrás, y exponiendo, desde esa misma ventana, que le infundía delgada esperanza, sus últimas y marchitas corolas a los rayos del sol inclemente de la región costera. También visualizó con nostalgia el baile de las hojas al ritmo del viento vespertino y cómo los rayos del sol rostizaban las del cafetal y del jardín ahora desolado del patio de su casa, que por su jardinero chorreaba lágrimas por sus talluelos; es que habían pasado ya los primeros siete años que no sentía las caricias de las jóvenes manos de su jardinero, regándolo en verano y aporcándole en invierno sus raíces despiertas bajo la tierra; esto es, respectivamente, cuando ni las veraneras crecían ni nadie podía detener la crecida del río que arrasaba aquel puente viejo a través del cual el joven jardinero habría de pasar miles de veces; su destino siempre era aquel pueblo bullicioso cual mar abierto, por una carretera más hendida que los cascos de un jumento de la comarca.

     Don Recuerdo del Bien le acotó con firmeza: “Chino, mire, Solonós, y sus alrededores, es una tierra ya ocupada por excelentes jornaleros que, además, son estables en su trabajo”. El Chino lo miró callada y fijamente. Es que en esos años dorados en los que a él le florecía la vida y los sueños por alcanzar a golpe de imposibles, don Recuerdo, un binacional que hablaba a la perfección el idioma solonense, regía, como dueño que era, los destinos de esas tierras del saber y de otras cosas más, bonitas y feas. Al Chino, entonces, le temblaron sus manos sudorosas, sintiendo al mismo tiempo impotencia, rabia, vergüenza y desazón que se guardó en sus adentros. No supo qué replicar. Sintió la sensación de ser nadie. El “¡Que triunfe, el señor Landázuri!”, le vino a su mente y le bajó al corazón…

       Pero pudo levantarse, despedirse y salir, creo recordar, sin saber a dónde, pensando que todo mundo había oído lo que don Recuerdo le había recomendado y acotado. Vi que sus lágrimas rodaban hasta por donde ya no cabían en su rostro. También vi cuando un sujeto de gran estatura, cuyo origen era desconocido, le abrazó su alma y la arropó con su grandeza; además, vi cuando ese sujeto de un modo extraño le llenó a rebosar su corazón, no de sangre, sino de su amor que hasta se le derramaba pecho abajo; pero el Chino supo y no supo siempre cómo esparcirlo y lo dejaba escapar por los resquicios del desamor.

      —“A mí no me cabe duda”, le mandó a decir su madre en una carta, “que tú, hijo mío, al igual que el Zaratustra de Nietzsche, has confirmado en tu temprana edad lo que has aprendido en aula, mas no todavía en el trajín de tu vida; esto es: lo bueno y lo malo de los pueblos y tierras, y que en la vida siempre hay noches al lado de la luz del día y hay luz del día al lado de las noches más espesas. Sé valiente, que yo ya estoy a punto de acabar la pelea de la buena batalla de la vida, y el tiempo de mi partida está cercano”.      

     Supe que, a partir de entonces, al Chino le parecía que, en cada invierno y verano, las tierras solonenses despedían un olor a ajeno en vez de a humedad y polvo, respectivamente. También supe que la nostalgia lo invadiría más que nunca, especialmente durante lo azulado de las tardes parecidas a las que había vivido en su infancia, cuando regresaba de bañarse en el río; mucho más cuando el día se iba apagando a sorbos bajo el cielo abierto de Solonós. Una vez lavada su alma, dejaba de llorar; de vez en cuando le llegaban retazos de cartas de su madre y hermana mayor escritas a mano, también pidiéndole — ¡qué coincidencia! — que regresara, y compartiéndole sobre las novedades de la parentela.

     Después de todas estas cosas, según me dijeron, el Chino tomó mayor conciencia de cómo los días se marchaban uno tras otros. Y que, después de un tiempo estirado cual elástico, se fue con uno de ellos para siempre de Solonós, feliz y donde solo él sabía.  

*Expresión que alude a la sensación picoso-amarga del “chile” al cual en otros contextos del mundo se lo conoce como “ají”.

del libro inédito Microcuentos de Solonós: entre la realidad y la ficción. Ciudad de México

 

©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


sábado, 14 de noviembre de 2020

ALUCINACIÓN, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 









ALUCINACIÓN


Entreabierto pensamiento. Este amanecer

veo las aguas crecidas de Acapulco, llorando

brisas resquebrajadas dispersas en la arena.

 

Hay silencio. Hay aves que despiertan.

Hay un espacio sin límites abovedado.

Está la soledad, compañera de emociones.

 

Tal vez el Pacífico cobije la Atlántida

y los arqueólogos y los historiadores

y todos los aventureros, se equivoquen.

 

Ciertas claridades sobre los cerros verdes

preanuncian un nuevo día. Brillante. Sereno.

Conmigo, la soledad. Desde ella te recuerdo.

 

 

Acapulco, 15 de febrero de 1998

 

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


VARIACIONES DE LA HEMBRA, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 











VARIACIONES DE LA HEMBRA

 

La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.
(La abandonada que brinda el gozo y el aliento.)
Su cabellera mueve los velos de la noche.
La que musita cimbrante y desvaría.
El hada del follaje celeste.
La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La princesa, la dueña, la reina del hogar.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.
La amante vuela en mi, desatada y ansiosa.
La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.
La mujer suave y comprensiva como una hermana.
La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.
La adolescente salvaje que imagina a Piranesi.
La insurrecta de plazas y guerrillas.
La que beben mis ojos en los bares.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

 

 ©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA