PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
sábado, 23 de marzo de 2019
SEGÚN PASAN LOS AÑOS, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina
SEGÚN PASAN LOS AÑOS
LUIS ALPOSTA, poeta, escritor y artista plástico
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
CARTILLA PROFESIONAL, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

Imagen de: Blog Hotmart
CARTILLA PROFESIONAL
a vos, para cuando la oscuridad, la ignorancia o la tristeza te
visiten, consulta a estos profesionales:
aceptan
todas las tarjetas de crédito y Obras sociales.
Doctor en vida propia
Experto en amaneceres
Abogado de perros
Inspector de estrellas
Jardinero de almas
Capitán de libros
Presidente de pajaritos
Barrendero de tristura
Director de vientos
Sembrador Honoris Causa de margaritas
Cocinero veterano de Sueños
Soldado de la desobediencia
General de un solo náufrago
Historiador de gotas de lluvia
Médico de tu ausencia
Filósofo de la ignorancia
Sabio de la Nada
Costurero de almas
Partero de verbos
Piloto de tu vuelo
Profeta por nacer
Maestro desaparecido
Hipnotizador de piedras...ciegas
Pastor de nubes
Cura Párroco de pesadillas
Cazador de olvidos
Predicador mudo itinerante de
palmeras de la Unescoco
Padre de tu sonrisa
Madre del llanto
Anestesista de la ambición
Rector guía del laberinto
Vendedor ambulante de galaxias
Peluquero de Talón y codo
Dentista de caracoles
Vigía del 5to sueño
Paracaidista agorafobico.
Fundador de la Orden del pepino y el
rabanito.
PD. Del libro "Ingenio y humor"
©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
LO HE SENTIDO A TRAVÉS DE LA VENTANA, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

Imagen de: Idealista
LO HE SENTIDO A TRAVÉS DE LA VENTANA
He entrado lentamente en el edificio observando
el pequeño parque y su jardín alrededor. Me he convencido que los residentes
pasarán largos ratos paseando y disfrutando del sol y de las plantas. Así se lo
he hecho notar a mi amiga después, cuando volvía a ver aquel lugar a través de
la ventana de su habitación. Su negativa
a mirar, a no querer ver ni el parque, ni el jardín ni la calle, me han hecho
mucho pensar.
El edificio es
moderno bien cuidado y asistido por personal docente y competente. Es mi
impresión, quizás equivocada, quizás no. Mirar el paisaje es una cosa, observar
el paisanaje muy otra.
Es, como se dice
ahora eufemísticamente, un “centro de acogida para la tercera edad”. Las
habitaciones limpias, ordenadas, con asistencia médica, cuidados paliativos,
etc. En fin, cuanto se pueda desear para las personas mayores, en una sociedad
lúdica, consumista y superficial que unos gozan y muchos padecen. Pero. ¿Qué
más se puede pedir? ¿Qué más se puede hacer para las personas ancianas con el
fin de que puedan acabar sus días lo más dignamente posible?
Nada más y nada
menos que lo más importante “La Libertad, la creatividad, la sociabilidad” que
ya no tienen o que siente que han perdido o les han arrebatado.
Tal vez sea cuestión
de adaptabilidad, o quizás de cariño o, ¡qué sé yo!, hay algo en el ambiente
que deprime. Ese hombre que grita desgarradamente porque no ha venido hoy un
familiar a verlo, o quizás si vino, pero que ya no se acuerda. Esa anciana con
las piernas llenas de llagas que la traen a su habitación después de las curas
y no sabe muy bien en que puerta entrar. Aquel hombre de fuerte personalidad
que no soporta tener que usar una silla de ruedas empujada por una asistenta
cansada de una dura jornada, a la que increpa porque le duele tanto el cuerpo
como el orgullo y el alma.
Y así cada persona
con todo su bagaje de enfermedades, minusvalías, desencantos y ansiedades. Y
como angustia más demoledora, la soledad. La soledad es el sentimiento común a
todos los residentes. No se sientes queridos, sino, ya como un objeto
inservible, se ven arrinconados, enfermos, abandonados. Aunque muchas veces no
es verdad. La juventud tiene que trabajar, vivir su vida y hacer frente a sus
problemas. La vejez a los suyos. La primera observa el porvenir como una
extensión inmensa que abocará en la vejez, si se vive lo suficiente, pero queda
lejana. La gente mayor la vive y la sufre al día a día. Renunciar a lo que se
ha sido, a lo que se ha podido hacer, es muy duro, y aceptar la dura realidad
del hoy, mucho más, por mucha ayuda que se pueda tener.
A pesar de exhalar
un suspiro de desencanto mi amiga, hoy postrada en una silla de ruedas, no ha
perdido la firmeza de su mirada, ni la blancura de sus cabellos que tanto la
ennoblecen.
Ya sus manos no
podrán dibujar aquellos hermosos cuadros, un ligero temblor se lo impide. Es el
corazón que sufre y las artistas que se rebelan. Por eso no quiere mirar a
través de la ventana ese hermoso parque, ni tampoco la calle por la que no
puede deambular.
A Alcoy, tan nutrido desde siempre de buenos artistas, llegó
una pintora andaluza, una excelente dibujante, una creadora nata. Llamó a un grupo de mujeres inquietas para
participar en su revista y pocas se negaron a colaborar en su obra. Así tanto
en poesía como en prosa y con sus hermosos dibujos, sus libros y sus revistas
son el exponente máximo de una indómita mujer.
Incansable empuja a la gente a crear y sacar desde lo más hondo esa
parte artística que cada uno/a llevamos dentro, porque crear es amar y amar es vivir.
Rosa Lluc, su amiga
nos lo hace sentir a través de un libro de poemas precioso que ha publicado
empujado por la incansable tarea de esta noble mujer que es Rodovi.
Cuando salimos por el pasillo me vuelvo a observar a esta
maravillosa mujer que crea tanto como se rebela y creo ver una lágrima que
asoma a sus ojos negros, esos ojos de artista que no quieren mirar por la
ventana porque llevan más arte dentro del que pueden ver fuera. Le he prometido
volver.
©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
MENDIGO, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina
MENDIGO
A los herederos del cielo (“Ahondar más,
ahondar más: sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo”). En
especial, a los que saben ver con los ojos del alma...
Con gran afecto
cuaresmal, crístico, mariano y josefino, y en los albores del otoño santafesino
(2019)…
“Somos Mendigos de Dios” – P. L. Castellani (1899-1981).
Hoy he visto un pedazo de
Dios arrojado a la vereda.
Sobre Obispo Gelabert,
casi Urquiza; no tan lejos de Baterías “Parpal”. Bajo la sombra egregia de la
cúpula agustino recoleta, proyectada como un ángel ciego desde calle Santiago
del Estero hasta el lugar del hecho.
He visto también, en la
penumbra de los muros contiguos a los míos, a dos figuras moviéndose con temor
en derredor de aquel despojo oscuro.
Veintiuna horas de un
domingo de otoño. Y ni siquiera las (vencidas) hojas del pequeño árbol que
emerge solaz como un paraguas nocturno frente a la casa, pudieron contener el
golpe.
Al lado del cuerpo
yacente, un carrito de miserias detenido en el tiempo.
He visto a la enfermera
vecina desesperarse ante la posibilidad de que el linyera hubiera muerto: la
sangre le surcaba el rostro. El alcohol lo había estrellado abruptamente contra
la pared y le había dejado allí, inmóvil, como muerto, abandonado...
Aún respira, le sentí
decir. Ajá, asintió su esposo, curvado hacia el bulto inconsciente. Yo (que
había avanzado unos tímidos pasos hacia el extraño desconocido) dije, sí: está
vivo.
Puede ser peligroso,
alertó ella. Sí, asintió su esposo. Está muy borracho, completé (por decir
algo). Tengamos cuidado. Puede despertar y no sabemos cómo reaccionará, previno
la enfermera. Qué macana, dijo su marido. ¿Qué hacemos entonces?, pregunté.
He visto a algunos coches
y colectivos pasar de largo cortando en fracciones el silencio de esa noche
alunada. Pero no he visto a otros vecinos por el lugar. Hora de la cena, claro.
El oratorio de enfrente y sus laicas consagradas, duermen también su virginidad
católica, apostólica y romana. La quietud del barrio es asombrosa.
He pedido a la enfermera y
a su marido que, por favor, me dejaran solo con ese Cristo roto. Que se fueran
tranquilos. Que yo me las arreglaría cuando... Sí, dijeron. Y desaparecieron
rápido cruzando la calle y doblando la esquina noreste del Kiosko “El Bunker”
en dirección al Restaurante “Tuyú”.
He vuelto ahora a entrar a
la casa. Le he hecho el comentario a mi señora. Ella, repasador en mano, me ha
aconsejado llamar al comando policial. He marcado el 101 y me han dicho que
vienen para acá.
… Treinta minutos. El
mendigo sigue como en estado de coma y la policía no ha venido. He insistido
con ellos. Pero ellos no vendrán. Nunca vienen. Por eso he salido nuevamente a
la puerta de calle y me he parado al lado del pobre hombre caído, casi
despenado.
De pronto, se ha movido...
¡Hip!
Le he perdido un poco el
miedo al verle la cara de muchacho.
La barba le ha inventado
años, pero es muy joven. Veinticinco, he calculado. Y se mueve. Mueve la
cabeza. El golpe contra el muro vecino le ha abierto un cauce sangriento que
tiende a cesar. ¡Hip!
Le he visto girar los
ojos, perdidos, enturbiados quizás por un doble efecto: el del dolor y de la
obnubilación. El alcohol le ha asestado un duro traspié. Le ha trenzado unas
huellas patinosas tras el derrumbe contra la pared. ¡Hip!
¿Qué hacer?
Le he extendido mi mano y
la ha rechazado en tanto balbucea…
Balbucea: puedo solo,
verá, puedo solo. ¡Hip! Y lo he dejado levantarse como puede. Ha logrado, al
fin, ponerse de pie trastabillando una y otra vez, hasta alcanzar un precario
equilibrio. En sus espaldas, cuelga una verde mochila, donde –con seguridad-
guarda cosas de íntima necesidad.
He notado su mirada
comprensiva, pero no habla. Ha extraído un pañuelo del mugroso pantalón negro
con el que seca la sangre de su rostro atormentado. Se golpeó feo, usted, digo.
Sí, responde. ¡Hip! Ahora, ya está. Me voy. ¿Pero cómo va a hacer para irse?;
puedo llamar al COBEM. No, no, al COBEM, no, ruega. No los moleste, puedo solo,
verá, puedo solo. ¡Hip! Y tambalea torpemente. Apoyo su brazo trémulo sobre el
carro de miserias y me dice otra vez: ahora me voy. Me voy para casa. ¿Pero adónde?
¿Dónde queda?, pregunto. Barrio Santa Rosa de Lima, contesta. Me voy, che...
¡Hip!
Le he suplicado que espere
un poco más, hasta aclarar la nebulosa galaxia que gira en su cabeza. Le
explico que es peligroso en su estado andar por ahí, que mejor llamo al COBEM.
Al COBEM no, se enoja. Puedo solo; verá, puedo solo, che. ¡Hip! Ha vuelto a
tomar su pañuelo y se restriega con cuidado las sienes heridas. Es una
piltrafa, el pibe. La camisa –alguna vez blanca- se ennegrece por la noche y la
mugre que la tiñe…
He visto a mi señora
entonces asomar a la puerta. Como a dos pasos de la escena. La observo
preocupada y luego, entrar de súbito a la casa. ¿Qué pasó?, me escucho
preguntar. Me caí, parece, dice el muchacho. ¡Hip! Y aclara: Yo venía bien con
el carrito y me caí, parece. ¡Hip! Hoy tomé alcohol; y me hace mal, aunque me
gusta mucho. Antes no me gustaba. No me gustaba nada. ¡Hip! Ahora me ayuda. Me
olvido de todo. No sufro. Estoy cansado de sufrir, ¿sabe? Me olvido de todo.
Pero hoy no pude olvidarme de todo. ¡Hip!: hoy recordé lo del viejo monasterio
y la huida hacia el monte. Tenía como 23 y me gustaba la oración; orar por las
almas en pena. Porque el Maestro era mi amigo; mi verdadero amigo. Como mi
sombra, ¿vió? Yo les hablaba de Él y ellos me buscaban. A toda hora, me
buscaban. Pero me aturdían, che. De todos lados, venían. ¡Hip! Y me lastimaban
mucho con sus sufrimientos, más que el alcohol; pero sin querer, ¿sabe?, y yo
sentía que no podía ayudarlos tanto como querían… Un día le dije que no aguantaba
más, que lo dejaba en sus manos. ¡Hip! Que yo me iba arriba, sobre una columna
de rocas que me había construido para estar en penitencia, por ellos y por mí;
porque era un flojo para sufrir y verlos sufrir así. Y en la columna estaba
bien, de pie o de rodillas, de noche o de día, con frío o calor; y Él aceptó:
me dijo que me quedara tranquilo. Que Él se haría cargo. Y me quedé arriba.
¿vió?. ¡Hip! Arriba podía orar y predicar tranquilo. Él me acostumbró a dormir
poco y a comer una vez por semana, y muchas personas se amigaron con Él, a
causa de su Palabra en mí: y yo estaba feliz. En aquel momento, yo era feliz.
¡Hip!... Cerca de los 70 vino a buscarme: yo estaba dormido, como hace un rato,
como muerto, arriba, en la columna donde dormía también el silencio (mi
verdadera sombra): sí, porque en aquellos tiempos -¡Hip!- no había tanto ruido
ni de autos ni de ómnibus como ahora...
… Y he sentido reavivar el
estupor de un grito ahogado ante aquel alegato irrefrenable: ¡Dios!, exclamo:
¿San Simeón estilita? Pero... ¿Cómo es posible...? ¡Año 450 d.c.! Eso fue en...
Sisan, Cilicia, cerca de Tarso, donde nació Saulo, san Pablo. Y he gritado al
barrio, también yo ahora turbado y confundido: ¿qué pasa acá? Y le exijo
revelarse: ¿Quién sos, pibe?, digo, realmente; y le sacudo como a un joven
pastor de ovejas, a quien la Palabra del Evangelio de san Mateo en su capítulo
5, introdujo de joven -con 15 años apenas- a la vida monacal en busca de
santidad. Pero no se altera y vuelve a insistir: ahora, tengo que volver a casa.
Mi casa. Volver a casa ¡Hip! Sí, me voy, insiste. No puede retenerme. Nadie
puede hacerlo. Anonadado, sólo atino tontamente a preguntarle: ¿Y…, juntaste
algo…? Sí, responde manso y humilde de corazón: cartón, botellas, un pedazo de
carne, pan, galletas, un velador roto (yo lo arreglo, yo sé arreglar cosas):
son para mi mami. ¡Hip!, y se estremece quien supo de memoria los 150 salmos de
la Biblia y de rezarlos a 21 por día; aquel que inventara el “cilicio” o cuerda
espinosa para ceñir la cintura y hacer penitencia, y que, en su extrema
capacidad de mortificación, se alejó del monasterio que lo había acogido y se
fue a vivir primero dentro de una seca cisterna, abandonada, dando comienzo a
una experiencia que sostendría durante su larga vida: pasar, como su Maestro,
40 días y noches en el desierto imperial de cuaresma sin comer ni beber…
… Porque yo no soy como mi
hermano, el Caín, sentencia. El roba. Yo no robo. Junto cosas para mi mami.
¡Hip! Toco timbre, tic, y espero. Toco timbre, tic, y espero. Pero no robo:
digo, señora, ¿tendría un poco de carne para comer, o lo que quiera darme...; y
espero. Yo no entro a ninguna casa. ¡Hip! Toco timbre, tic, y espero. Pero mi
hermano roba. Yo no. Esto es para mi mami. Porque yo al “otro” lo odio, es
vivo… Y el Maestro me reta: dice que así no sirve, Simeón, el Abel. Que si
tengo odio no sirve. Pero qué quiere. Si llego -y llora como un niño- y el
“otro” se agarra todo. Y yo lo junto para mi mami. ¡Hip! Pero él se aprovecha,
le pega y se agarra todo. A mí no me pega. A la mami, le pega. Un día lo mato.
Lo mato, ¡le juro!... ¡Hip! Pero el Maestro se enoja conmigo. Y me asusta
también cuando se enoja, ¿sabe? Pero es que me duele lo que el “otro” hace con
mi mami... ¡Hip!
Y vuelve a limpiarse
lágrimas y sangre con el pañuelo, quien, refugiado luego de la cisterna en una
absurda cueva, hubo de encadenarse a una roca solitaria para evitar la
tentación de volver a la ciudad; aquel, en fin, que consultado desde todos los
países vecinos, para no distraer su vida de continua oración y penitencia,
construyó una columna, de 3, 7, y 17 metros de altura, sucesivamente, donde pasó
como el Emmanuel sus últimos 36 o 37 años de vida, al sol, al agua y al viento,
predicando, corrigiendo, suplicando, mediando y convirtiendo a las gentes que
acudían en su ayuda...
Entretanto, mi señora, que
ha regresado a colaborar conmigo, le ha dado un poco de naranja fresca y
algunos alimentos. Gracias, le dice. Yo no robo. Toco timbre, tic, y espero. Me
voy, remarca. ¡Hip! E intenta, con tozudez, maniobrar el penoso carrito,
entorpecido por la verde mochila aferrada a sus espaldas. Hermano, le digo, con
cuidado, si te vas, andá por el borde de la calle, no subás a la vereda,
siempre por la derecha y para allá; allá está la cancha del Club Unión,
¿entendés? ¿Sí? ¿Seguro? ¿Por qué no me dejas llamar al COBEM?; son muy
gauchos. Te arriman hasta el barrio. Yo no te veo muy bien que digamos todavía.
No, no, yo me voy con la mami... Y hoy el “otro” no le quita nada... No le
quita nada... Ya va a ver... No le quita -¡Hip!- nada... ¡Hip! Y se va. Se va y
no puedo creer haber sido su testigo…
Entonces, dejo mis dudas
de lado. Sabedor de que un párrafo equívoco bien podría alimentar de mitos la
historia de su heroica vida escrita por Teodoreto, Obispo de Ciro, dejo mi
orgullo de lado y me juro permitir a Dios seguir escribiendo derecho con líneas
torcidas... Por eso, antes de que su maltrecha figura me muestre su encorvada
espalda, recuerdo que, desde la fecha de su muerte, 5 de enero de 459, un gran
monasterio para monjes recoletos emerge aún hoy donde fuera su columna de
virtud y santidad... Y las descubro.
Entonces, las descubro.
Advierto asombrado las tres pesadas bolsas que cuelgan de la parte anterior de
su mochila mendicante y cóncavas vértebras; de seguro ocultas bajo su cuerpo
cuando yacía volcado en el suelo como su carro de miserias. No eran muy grandes
las bolsas; pero estaban henchidas. He debido estar alucinado para leer en
ellas las inscripciones tristeza, soberbia y avaricia. También he debido haber
exagerado al reconocer en este hombre a un santo redivivo de la antigüedad,
que, a la par de cosechar galletas y pedazos de pan o frutas, recogía del alma
de cada hombre que extendía su mano desprendida hacia él, un pedazo de aquellas
tres oscuridades que apagaban en el corazón humano las luces de la alegría, la
humildad y la generosidad...
Sí, creo que esta noche he
sufrido una visión extraña: la de comprender, en ese Cristo roto, cuan mendigos
de Dios somos todos en todos. Por eso rezaré un Padrenuestro y le ofreceré esta
lágrima que me lastima el orgullo de tenerlo… casi todo.-
©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor
argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
SALUDO DE ASOLAPO EN EL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA, Luz Samanez Paz, Cusco, Perú
SALUDO DE ASOLAPO EN EL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA
POR LUZ SAMANEZ
PAZ, PRESIDENTA DE ASOLAPO INTERNACIONAL
El Consejo Directivo de la
Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores i Artistas, ASOLAPO
Internacional, saluda a todos los poetas, en el DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA.
Cuánto cielo llevamos los POETAS en nuestra alma, cuando en nuestro corazón, va engarzada la UNIÓN, el AMOR i la PAZ, que transforma toda la TIERRA en CIELO. Verdad que la POESÍA, nos lleva a vivir en las nubes i en pleno azul...
El mensaje que les dejo en este DÍA, en mi calidad de Presidenta de ASOLAPO INTERNACIONAL, es hacer que todas las banderas flameen, llenas de fe, de fuerza, de unión i paz, que debe hacer estremecer a nuestro gran CONTINENTE, como una conciencia viva de trabajo i esperanza, que con canciones de dulzura i de coraje, nosotros los poetas, hacemos la PATRIA AZUL, para izar en ella nuestra BANDERA DE LA HERMANDAD i pregonar a la AMÉRICA i al MUNDO, que está unida por los VATES, que brindan a la vida la flor de sus poemas, que son FLORES de su CORAZÓN.
Saludamos a los POETAS, porque por su presencia i participación vibra el alma, lo sensitivo de nuestras CULTURAS, unidas por el VERSO.
Cuánto cielo llevamos los POETAS en nuestra alma, cuando en nuestro corazón, va engarzada la UNIÓN, el AMOR i la PAZ, que transforma toda la TIERRA en CIELO. Verdad que la POESÍA, nos lleva a vivir en las nubes i en pleno azul...
El mensaje que les dejo en este DÍA, en mi calidad de Presidenta de ASOLAPO INTERNACIONAL, es hacer que todas las banderas flameen, llenas de fe, de fuerza, de unión i paz, que debe hacer estremecer a nuestro gran CONTINENTE, como una conciencia viva de trabajo i esperanza, que con canciones de dulzura i de coraje, nosotros los poetas, hacemos la PATRIA AZUL, para izar en ella nuestra BANDERA DE LA HERMANDAD i pregonar a la AMÉRICA i al MUNDO, que está unida por los VATES, que brindan a la vida la flor de sus poemas, que son FLORES de su CORAZÓN.
Saludamos a los POETAS, porque por su presencia i participación vibra el alma, lo sensitivo de nuestras CULTURAS, unidas por el VERSO.
Recordemos que el POETA,
tiene la fuerza creadora del lenguaje, testimonia la creación del hombre por el
hombre. El POETA, es quien expresa con palabras, la parte secreta i
profunda del hombre.
Adelante POETAS, esperanza
de todas las PATRIAS. Las BANDERAS DE INDO AMÉRICA, se unifican por el gran
Pendón Latinoamericano, porque por nuestras VOCES, hablarán nuestras RAZAS,
porque tenemos la seguridad que en nuestros pechos la POESÍA, será TEA
ENCENDIDA, como una corriente que viniendo desde nuestra sangre, se internará
en nuestras VIDAS, convirtiéndose en nuestro CANTO DE ESPERANZA, por
la UNIÓN de nuestros PUEBLOS.
ASÍ, SOMOS LO POETAS
LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional
Sigo por la ruta de mis
sueños de poetisa, enamorada de mi ARTE, trazan como si fueran extraños
arabescos, pero plenos de ilusión, de esperanza, de luz i de sol. Me encuentro
en medio del cielo, en un vaporoso Trono formado por las nubes i tachonado de chask´as.
Me siento ahita de aire, mientras que los luceros ensayan hermosas danzas a mi
alrededor i me mecen suavemente, las brisas que se elevan del mar. Desde la
altura a donde me han llevado mis ensueños. Comprendo lo pasajero de la vida,
la uniformidad hiriente de los elogios, la grandeza eterna del alma pura. Yo
misma, me digo "Soy Poetisa" i esas frases me hacen sentir, como una
diosa. En realidad pienso, que los POETAS, son pequeños dioses, porque ellos
dan sentido a la existencia i pintan de esplendor a la naturaleza humana. ¡Qué
hermoso es sentirse así! No quisiera nunca despertar, encerrarme en mis
ilusiones i vivir así, para siempre, sin pensar ni en el principio,
ni en el fin, aunque la majestuosidad del mar, me hace pensar que quizá yo
nací Sirena, por eso no comprendo la maldad.
Nací como nace una Sirena
en el fondo del mar,
nadie me puede quitar
aquello que DIOS me dio,
lo que al mundo traje yo.
Mi gloria es vivir libre
como las aves del cielo,
yo hago en el trébol mi
cama
i me cubren las chask´as.
El cielo ostenta una
limpidez de diamante,
estoy ebria de mar i de
olas,
traigo los labios frescos
de ñujch´us rojos
i el rostro
radiante como la killa morena.
Mi cabeza está repleta de
recuerdos,
de pedazos de cristal i
lámparas rotas,
para hacerlo florecer en
mis poemas...
porque para los POETAS,
viven todas las cosas bajo
el cielo.
El POETA es un pequeño
dios,
porque está en el cielo de
los VERSOS,
porque crea mundos
nuevos...
Mis sueños se alejan como
barcos,
sobre las olas de la
inmensidad del mar.
Una chask´a secreta es mi
corazón
i un cheq´ollo ebrio que
aletea, es mi alma,
como esos caracoles que
van a formar islas,
sigo los ñujch´us i me
pierdo en el tiempo
de la soledad infinita i
sigo mis huellas
i me pierdo en la negra
noche
o en el alba como un vuelo
de urpis.
I los VERSOS me van
brotando,
como el agua de un puquio;
con mi guitarra en la
mano,
me pongo alegre a cantar.
LA POESÍA
LUZ SAMANEZ PAZ
POESÍA, luz
semilla del pensamiento
en las manos del cósmico labriego,
sobre los surcos de la VÍA LÁCTEA
del sentimiento AMERICANO.
Que recorre
los espacios siderales del cerebro,
fruteciendo el "estro poético",
desde sus mismas raíces.
Principio o fin de la esperanza,
del HOMBRE LATINOAMERICANO,
en la inmensidad del alma
el enigma de la SABIDURÍA,
que acompasa vibrantes imágenes
de coordinadas de oro.
Que vela por la perduración del VERSO,
en el radiante corazón de la ETERNIDAD,
de la más auténtica POESÍA,
que esculpe en la Historia de los Siglos,
la grandeza del POETA.
Torrente de AMOR
que viene del vientre de la MADRE,
tornándose en el primer llanto del NIÑO,
incendiando de ternura i esperanza,
en hogueras de VIDA i ALEGRÍA.
Misterio para interpretar
la POESÍA INMORTAL,
que despliega sus alas de TRIUNFO.
POESÍA en mi sangre
i en mi pensamiento,
que palpita en el silencio
de la lágrima vital del INTI.
POESÍA, que despierta la JUSTICIA SOCIAL,
de este Continente de Ternura,
tendiente a vigorizar
su espíritu de supervivencia.
POESÍA, linaje AMERICANO
i del MUNDO,
tan humana en las cuerdas
de la GUITARRA de la LIBERTAD.
POESÍA, que tiende sus azules puentes
por donde pasarán,
los POETAS del FUTURO.
tan humana en las cuerdas
de la GUITARRA de la LIBERTAD.
POESÍA, que tiende sus azules puentes
por donde pasarán,
los POETAS del FUTURO.
EL POETA
LUZ SAMANEZ PAZ
En una noche enferma
de profunda soledad,
cuando la bella luna
con toda unción,
brindaba su pálida oración
al infinito...
El poeta que iba tan solo
i tan callado,
bajo la noche negra...
como una sombra más ,
en el paisaje triste.
I con el alma puesta en
cruz,
por el recuerdo...
Iba i venía,
sin detenerse en ningún
punto,
buscaba, sin buscar nada.
Tal vez era un loco
inmerso,
sacado de la esencia
de la misma noche,
para ser una sombra i nada
más.
El poeta iba...
como una sombra más,
en medio del paisaje.
sábado, 16 de marzo de 2019
… Y SE HIZO EL MILAGRO, Delia Checa, Mendoza, Argentina

Imagen de: revistaenfoque.com.co
… Y SE HIZO EL MILAGRO
Estabas ahí y no te veía…
hasta que descubrí
tu llama cegadora,
incorruptible.
Durante siglos seguí
incansable un rastro de
luz
que a ti me conducía.
Hallarte fue disfrutar
de la magia a puñados
y desechar por inútiles
los calendarios y
horizontes.
Me embarqué
en una aurora inesperada
donde lo sobrenatural
era la rutina del día.
¡Increíble mundo sutil
de dos seres amándose!
Contigo vivo
en las alturas…
sin nada,
tu vivir me basta.
©DELIA CHECA,
poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina
Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo
Ya
en sus remotos tiempos el filósofo presocrático Anaxágoras conjeturaba que
“todo está en todo”. Es cierto. Muy especialmente en estos días en que la
cibernética hace que nos movamos como peces en el agua (o demonios entre
nubes), por este achicado espacio donde todo parece al alcance de todos. Lo
cual, a través de una paradoja inevitable, puede también significar que acaso
“nada está en nada”, debido a que todo es más frágil y resignado; además de
menos estético. Hoy, con dos ágiles dedos y una diminuta pantalla entre manos,
doblegamos un mundo a nuestro alcance. Si agregamos, además, una cuota de
imaginación, este devaneo que es la vida contemporánea se puede transformar en
una deslumbrante fantasía muy afín a Poe, Bradbury o Lovecraft.
Entre
tantas placenteras cosas a nuestro alcance que nos brinda la informática, nos
es posible entregarnos a los viajes con menos gozo que temeridad. También hoy,
superando a la bruja de Tolima, de un modo casi lúdico, sentados
confortablemente en nuestras reclinables poltronas, volamos con destreza por el
fabuloso mundo de internet. Y este mundo nos depara sorpresas. A veces muy
agradables sorpresas, porque no todo es desazón ni desconcierto en esta
cotidiana y alucinante viña del Señor.
De
manera insólita, mientras navegaba por la Web, cosa que todo curioso tiene a
disposición gratuitamente en estos generosos tiempos, me entero de que el
novelista japonés Kensaburo Oe, premio Nobel de Literatura en 1994, es un
devoto lector de Dante Alighieri, al que ha traducido y dedicado muchas páginas
de su interesante obra. Confieso que me resultó asombroso, a la vez que
reconfortante, descubrir de pronto que un oriental nos cuente la historia de
ciertos sucesos acaecidos desde antes de su entrada a la universidad hasta los
ulteriores años como celebridad literaria. Y aquí viene lo asombroso, pues
nuestro escritor se vale para ello de una plataforma de fondo que es nada menos
que la Divina Comedia. Lo cual es otra muestra de que “todo puede
estar en todo”.
Comprobamos
así que la vida y obra de Dante, como también la de los grandes poetas, tiene
influencia decisiva en la construcción estética no solo de la identidad
occidental, sino también de la oriental y que se proyecta en toda la cultura
moderna. Pero Kensaburo Oe va más allá en su análisis, y lo hace en
coincidencia con un argentino y un español, abarcando también lo entrañable y
emocional, y aportando nuevos puntos de vista. Un estímulo para todos los
fieles lectores de la Divina Comedia, entre los que
humildemente me cuento.
Al
decir un argentino, me refiero al curioso Borges, que dedicó diez pacientes
años a las diversas lecturas de la obra de Dante, cuando viajaba ciudadanamente
en un tranvía hasta la biblioteca de barrio en la que trabajaba; el español,
fue otro poeta y erudito llamado Ángel Crespo, uno de los más rigurosos
traductores de la Comedia. Crespo era manchego, nacido en Ciudad
Real, en 1926, licenciado en derecho y filosofía, y doctorado en filología
románica en Madrid, con una tesis admirable y reveladora sobre El moro
expósito, del sugestivo Duque de Rivas.
Como
tantos otros, este poeta y estudioso, agobiado por el régimen franquista, en la
década del ‘60, emigró de España y se radicó en Puerto Rico, donde fue un
valorado catedrático de la Universidad. Notable estudioso de la literatura
italiana, como también de la portuguesa, Crespo dedicó buena parte de su tiempo
al estudio de Dante Alighieri y vertió al español la Divina Comedia,
en verso rimado y acompañada de un riguroso análisis de las circunstancias,
mitos y personajes que la pueblan; por esa misma época realizó un trabajo sobre
el Cancionero de Francesco Petrarca, al que también trajo a
nuestro idioma, recibiendo dos veces el Premio Nacional de traducción.
Otro tanto hizo con su también venerado Fernando Pessoa, al que tradujo y
dedicó una biografía y brillantes ensayos.
Tuve
la felicidad de conocer a Ángel Crespo en un viajé que hice a Puerto Rico para
participar de un encuentro literario, donde no sólo coincidimos en mesas
universitarias, sino además en desayunos en los que conversamos como viejos
amigos sobre los poetas que nos unían y por los que ambos sentíamos devoción; a
la vez que fueron puentes para unirnos de inmediato. Siempre es gratificante
encontrar a los que aman las mismas cosas que amamos. Fue así que durante la
semana que permanecí en Puerto Rico, acompañados algunas veces por Pilar Gómez
Bedate, su esposa, en la cafetería de la universidad, solíamos prolongar por
largo rato nuestra conversación.
Exquisito
y empecinado fumador de pipa, envuelto en el humo de aromáticos tabacos,
especial conversador y con agudo sentido del humor, era siempre un regalo para
el alma compartir aquella mesa tempranera con aquel Ángel asombroso, cabalmente
entrañable y paciente, brillante e irrepetible. Desde ese momento nunca dejamos
de hacernos señales de amistad en cualquier sitio que nos encontráramos. Me
enteré luego que de regreso a España, en 1995, el corazón le jugó una mala
pasada y dejó este mundo para sumarse a los más.
Pero
Ángel Crespo no fue solo un generoso traductor, maestro de literaturas y
divulgador, sino también un magnífico poeta, dueño de una obra que no se
adscribe fácilmente a ninguna tendencia, con un lirismo contenido, que va allá
de cualquier clasificación profesoral:
Para ignorar, hay que vivir.
Las manos ya se niegan
al testimonio de los días
y las noches paradas.
Las manos ya se niegan
al testimonio de los días
y las noches paradas.
Maduras
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos
que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres tú, tan absorto, el tiempo?
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos
que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres tú, tan absorto, el tiempo?
Sabes ya que la lluvia
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa
que no se sabe aire.
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa
que no se sabe aire.
Originales
y sorpresivos, sus versos, como se ve, cuentan con una rica sonoridad, propia
de quien posee un oído musical excepcional; resulta además imaginativo y
onírico. Emplea un rico simbolismo y se alimenta de materiales que incluyen lo
biográfico, lo cotidiano, la tradición cultural y lo mítico, donde se da
también la busca de un modo de conocimiento de lo sagrado, siempre misterioso,
desde el interior del lenguaje, con una filosofía implícita. El poema Ofrendas es
otra exquisita muestra de su admirable manejo de las palabras:
En cada mano, el mundo deja
aquello que no tiene su medida:
lo que pesa demás, lo que es ardiente
en exceso -pues nadie
que tenga un alma puede
impasible aguardar como la estrella.
No es que no tenga luz, pero sus rayos
deben llegar a donde no ilumina
el fuego general -al subterráneo
de cada vida, al breve paraíso
que brota de su sed como un relámpago.
Ángel
Crespo enfrentó a veces las limitaciones del lenguaje para expresar una realidad
intuida más allá de él mismo y mediante procesos de simbolización que
trascienden lo arbitrario y convencional del signo literario; se nota en sus
versos la concepción de una realidad, que a través de la metáfora,
progresivamente se vuelve más amplia y personal. Poeta además de lo natural y
lo emotivo, no es aventurado afirmar que su voz sigue perdurando entre los
primeros aedos de su generación. Diríase que nuestro amigo (a la manera de
aquel Próspero, que en cierta famosa comedia renuncia al arte de la magia)
renuncia a la tediosa retórica y vuelven a lo natural que nos rodea, la sombra,
la luz, los espejos. En Las sombras van cayendo como un regalo de los
dioses, lo confirma:
Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses,
el más generoso, pues son
de sus incorruptibles cuerpos y de sus almas
inmortales imagen; y no
nos piden nada a cambio de este espejo
en el que todo encuentra su unidad
de nuevo, es otra vez, y cada vez,
como un latido hecho de movimiento y de quietud,
el puro pensamiento que se esconde
de sí mismo, acosado por la luz.
Los
símbolos de la poesía de Ángel Crespo poseen una virtualidad religiosa pagana e
iniciática. Asimismo, su tono y estilo se diferencian de la lírica de su
tiempo, asumiendo tradiciones culturales muy variadas. Su obra poética ha sido
traducida a diversos idiomas y empieza a ser reconocido como uno de primeros
poetas de España en el siglo XX.
©ROBERTO ALIFANO, poeta, escritor y
periodista argentino
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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