LA MADRE DIJO QUE IBA A MORIR
Dijo que iba a morir
cuando el sol de un domingo
se abatiera en la sombras
y arreboles de luces
fenecieran en nubes
de una tarde de abril;
cuando el canto del grillo,
en estéril congoja,
regañara al rocío del frescor otoñal;
mientras que las ristras de las uvas tardías
devenidas en pasas,
cayeran sin culpa de las secas ramas.
Dijo que se iría, sola con su alma,
por acequias sin agua y senderos de parra
vagando en cogollos de remotas nostalgias.
Dijo que iba a morir
cuando las semillas dejaron la casa;
cuando nadie viniera;
cuando la olvidaran.
Y ella quiso morirse,
porque estaba segura
que el abril y el otoño
merodeaban la farsa.
Cuando todos huyeron del forzado alarde
y el silencio apostaba a los pobres viejos;
ella aún observaba la ventana vacía
con la larga porfía de sus ojos yertos!
La luz de la tarde feneció de arreboles.
Ella estaba quieta sin su pantomima,
obcecada pose que adoptan los muertos.
©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
PRESIDENTE DE ASOLAPO ARGENTINA
cuando el sol de un domingo
se abatiera en la sombras
y arreboles de luces
fenecieran en nubes
de una tarde de abril;
cuando el canto del grillo,
en estéril congoja,
regañara al rocío del frescor otoñal;
mientras que las ristras de las uvas tardías
devenidas en pasas,
cayeran sin culpa de las secas ramas.
Dijo que se iría, sola con su alma,
por acequias sin agua y senderos de parra
vagando en cogollos de remotas nostalgias.
Dijo que iba a morir
cuando las semillas dejaron la casa;
cuando nadie viniera;
cuando la olvidaran.
Y ella quiso morirse,
porque estaba segura
que el abril y el otoño
merodeaban la farsa.
Cuando todos huyeron del forzado alarde
y el silencio apostaba a los pobres viejos;
ella aún observaba la ventana vacía
con la larga porfía de sus ojos yertos!
La luz de la tarde feneció de arreboles.
Ella estaba quieta sin su pantomima,
obcecada pose que adoptan los muertos.
©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
PRESIDENTE DE ASOLAPO ARGENTINA

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