sábado, 3 de octubre de 2026

DOMA SIN VIOLENCIA - Gladys Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 


DOMA SIN VIOLENCIA

Un gesto de consideración

El caballo es un animal especialmente sensitivo, espejo fiel de nuestras intenciones y emociones y al ser un animal de manada por instinto busca un líder. Comunicarnos con él es posible sólo si nuestro lenguaje es congruente con el mensaje que deseamos transmitir.

La palabra “doma” según el Diccionario de la Lengua Española significa: “sujetar, amansar y hacer dócil a un animal por el ejercicio y la enseñanza”. Este es el objetivo fundamental que persiguen los diversos tipos de doma. Lo que difiere es la forma de realizarla. Cabe aclarar el concepto de la llamada Doma Tradicional ya que la mayoría de las veces es interpretada como un duelo entre jinete y caballo a ver quién gana el pleito.

Durante siglos se ha practicado la doma de equinos con el fin de entrenar y educar a estos majestuosos animales para que sean funcionales al hombre y sus necesidades. El uso de la violencia ha sido el método de enseñanza a lo largo de la historia generando grandes controversias y críticas a ese sistema. Afortunadamente en los últimos años ha surgido una nueva alternativa conocida como “doma sin violencia”, que se basa en una serie de técnicas y principios que buscan establecer una comunicación clara y efectiva entre jinete y caballo. 

El imprinting es el vínculo intensivo y temprano del potro, o potrillo en este caso con el domador que se lleva a cabo aproximadamente durante las cuatro semanas después del nacimiento. Es importante entender que la edad ideal para domar un caballo es desde las primeras semanas de su nacimiento, o sea aplicando la técnica del imprinting que es el primer acercamiento con el potro y su madre. En ese momento es cuando se empieza a conectar y a enseñar al animal los primeros ejercicios; y también se comienza a crear el vínculo entre el humano y el caballo. De acuerdo a su edad se deberá emplear ejercicios adecuados. Obviamente no se podrá montar el potrillo hasta que este haya cumplido por lo menos 30 meses de vida, es cuando ya ha alcanzado el tamaño y la evolución adecuada para ser montado sin atrofiar su crecimiento y sin ser lesionado. A los 30 meses el caballo ya alcanzó una madurez física y mental.

La doma sin violencia está revolucionando el mundo de la equitación.

El proceso de esta doma no comienza cuando se monta al caballo sino mucho antes. Es cuando al potro lo bajan del camión y llega a manos del domador. Esos momentos son los más angustiantes. El animal ya no está con su manada con la cual se sentía seguro; no reconoce olores ni sonidos, oye voces extrañas, está solo y siente miedo. Su naturaleza es de tropilla, de libertad, sus miedos eran compartidos con otros pares. Es allí cuando se comienza a darle garantías a sus miedos. Se le debe infundir calma y rodearlo de otros potros mansos que le devuelvan confianza. La socialización y el acostumbramiento a la presencia humana son fundamentales.

Lo primero que debe conocer el domador es la materia prima o sea “el caballo”. Debe prepararse, estudiar, observar y tratar con caballos; conocer su naturaleza, comportamiento y psicología del animal además de morfología, osificación, nutrición. Y sobre todo tener un plan de trabajo ordenado.

La doma sin violencia se basa en la premisa de que los caballos son animales inteligentes y sensibles capaces de aprender y comprender las indicaciones de manera amigable y sin necesidad de recurrir a la violencia física o emocional. En lugar de utilizar la fuerza bruta para imponer la voluntad del jinete se busca establecer una comunicación clara y efectiva mediante la inducción, el uso de señales sutiles y técnicas de refuerzo positivo.

Entre ellas, el lenguaje corporal se considera uno de los pilares máximos. Esto implica la elección de posturas, movimientos suaves y equilibrados para indicar al caballo lo que se espera de él. Por ejemplo inclinarse hacia adelante puede indicar al caballo que debe avanzar mientras que inclinarse hacia atrás puede indicar que se detenga.

La empatía hacia el caballo es otro de los pilares en este sistema de doma. Los entrenadores se esfuerzan por entender las necesidades y emociones del animal y tratan de establecer una relación de confianza y respeto mutuo, un acercamiento entre ambos. El caballo debe reconocer y aceptar a su domador.

La finalidad es lograr el bienestar del caballo en todo momento asegurándose de que esté cómodo, relajado y dispuesto a trabajar.

La paciencia es el otro pilar básico de la doma sin violencia. Ante todo es preciso afianzar la relación entre domador y caballo. Esto se logra con paciencia y mediante la caricia. El domador debe tocar y acariciar al caballo por todo el cuerpo lentamente y durante mucho tiempo; luego lo hará con el lazo acercándolo y frotando su cuello. Así llegará el momento de colocarle el cabestro, bozal, montura y demás arneses para continuar con las prácticas.

Los defensores de esta nueva forma entienden que cada caballo tiene su propio ritmo de aprendizaje, a diferencia de los métodos tradicionales que persiguen resultados rápidos a cualquier precio. En lugar de exigir al animal a realizar ciertas maniobras se le otorga tiempo para comprender y asimilar las indicaciones premiándolo cuando acierta. Este método se basa en reforzar lo positivo en lugar de castigar. O sea en vez de sancionar al caballo por un comportamiento no deseado se le recompensa cuando obedece la orden ya sea en forma de caricias, palabras de aliento o incluso golosinas. La idea es asociar las acciones correctas con experiencias placenteras lo que motiva al caballo a repetir esas acciones en el futuro.

A través de la empatía, la paciencia y el uso de refuerzo positivo los entrenadores pueden educar y entrenar a los caballos de una manera amigable y sin violencia. Además de garantizar el bienestar del animal creando una base sólida para futuros logros en la equitación donde los caballos sean tratados con el respeto y la dignidad que merecen.

El arte de domar es darle forma a las grandes virtudes que tiene un caballo.

El caballo ha acompañado a la humanidad en toda su evolución desde hace aproximadamente 5500 a 6000 años.

Podemos inferir sin margen de error que también el caballo es el mejor amigo de hombre.


GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


No hay comentarios:

Publicar un comentario